El periscopio

León / Lasa

Sinclair y las elecciones

Igual que un niño preferirá a un padre que le dé chuches, elegimos programas y candidatos que ofrecen prebendas y pocas obligaciones.

SE nos antoja prácticamente indiscutible confirmar que, por su propia naturaleza, el ser humano, como el resto de animales sensitivos, huye como gato escaldado del dolor, del esfuerzo o del sacrificio, con muy raras excepciones. Y huye aún más si ese esfuerzo, ese dolor o ese sacrificio no le reporta, en un plazo de tiempo más o menos inmediato, una recompensa que le estimule la dopamina. Aunque muchos estudios concluyan que posponer la recompensa es económicamente rentable (al estudiar más para obtener una mejor cualificación; al ahorrar para obtener unos futuros rendimientos, al hacer ejercicio para tener una vejez más saludable), lo cierto es que somos poco proclives a ello. Y en algunas latitudes -por la herencia cultural, por la religiosa, por el clima...- aún menos. Tendemos por ello a no ver ni entender aquello que no nos interesa, y a oír más a los vendedores de crecepelo que a los doomsayers. Uno recuerda una vez más la magistral frase del escritor norteamericano Upton Sinclair: "Es difícil que un hombre entienda algo si sus ingresos dependen de que no lo entienda". Cita memorable que recuerdo cada vez que, por los motivos que sean, se acerca una campaña electoral y las cuentas públicas ofrecen desequilibrios muy, pero que muy preocupantes, como es el caso de España en junio de 2016.

De la misma manera que un niño siempre preferirá un padre que le ofrezca chuches y regalos sin límite, con independencia de su comportamiento o de la situación financiera de la familia, tendemos -dada nuestra naturaleza y entendederas- a preferir programas o candidatos que ofrezcan, en una contienda electoral, más prebendas y derechos y menos obligaciones de cualquier tipo. De nuevo Sinclair: no queremos ver lo que no nos interesa. Entre un candidato que diga: "Recortaremos las pensiones porque si no es así a medio plazo no se podrá pagar ninguna", y otro que manifieste: "Las incrementaremos pase lo que pase", parece claro cuál es, en un sistema de sufragio universal, el que tiene más posibilidades de ganar unas elecciones. Con estas premisas, y la ausencia de debates serios en televisión, además de la impunidad jurídica del incumplimiento de las promesas electorales, nos encontramos ante programas que nos recuerdan aquel celebre "y dos huevos duros" de Felipe González. ¿Que un partido promete diez medidas para bajar impuestos sin tener en cuenta nuestro déficit, nuestra deuda, las advertencias de Bruselas? Pues el adversario contraataca con veinte proposiciones para aumentar el gasto público en lo que atañe a sanidad, pensiones, etc. sin explicar de dónde allegar más recursos. Qué más da. No es serio, pero es lo que hay. Y quizá lo que nos merecemos. Dentro de veinte años todos calvos, pensarán algunos. P. S.: La editorial El Paseo (www.elpaseoeditorial.com) se estrena con una nueva edición del delirante libro de Silverio Lanza Noticias biográficas acerca del Excmo. Sr. Marqués del Mantillo, sobre la rapacería de un político durante la Restauración borbónica. Muy actual.

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