Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

Sirenas desde la Caleta

NARRABA Homero en La Odisea cómo Ulises, después de su encuentro con Circe, la hechicera, se dejó encandilar por el canto de unos extraños seres, mitad mujeres, mitad peces, llamados sirenas. Unos poéticos antecedentes con un presente no menos bucólico donde anda implicado un personaje tan singular como Antonio Martínez Ares.

El gaditano, compositor, intérprete, artista en una palabra, prepara, a falta de uno, dos musicales que, de aquí a un tiempo, se estrenarán -y así no se enfada nadie-, en Sevilla y en su tierra. Un acontecimiento importante pues no es frecuente que, en Andalucía, se dé cabida a espectáculos de este tipo bajo una íntegra creación, producción e interpretación de profesionales de esta comunidad.

El primero, bautizado precisamente con el nombre de los seres mitológicos que antes refería, Sirenas, tendrá como protagonistas a Miguel Nández, también oriundo de la Tacita de Plata, y a una chica llamada Mirella, de la que Martínez Ares me habla maravillas y que, según me cuenta, fue amadrinada por Pastora Soler.

El caso es que, en mitad de reuniones aquí y allá, Antonio me explica la ilusión que suponen estos proyectos. "El de Sirenas se representará durante un mes en una carpa en el Prado de San Sebastián y arrancará el diecinueve de marzo del 2009. De ahí, como un barco que navega, recorrerá muchas ciudades y, sobre todo, muchas playas. Vamos a fundir el sonido de nuestras raíces con los de todos los puntos de Sudamérica y África por los que van atracando los personajes". Por otro lado están Los duros antiguos, oda a la libertad del pueblo de la Caleta que ya está casi concluido y donde se ha dado cabida desde el pop al rock pasando por una "pequeña dosis de carnaval" y otra más amplia parcela de flamenco. "Me gustaría que llevara una escenografía a lo Tim Burton y los integrantes serán noveles y, en un ochenta por ciento, de Cádiz. Éste verá la luz en un año y medio". Supongo que les he saturado hoy con tantos datos pero comprendan que no podía dejar de compartir tantas buenas nuevas. Ya me callo. Que el silencio, también se agradece.

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