PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Solidaridad y antipatías

LOS cálculos de Naciones Unidas clarifican las terribles consecuencias para la población paquistaní a raíz de las gigantescas inundaciones en la mayor parte de su país. También son graves las riadas en el norte de la India y en el oeste de China. Pero la catástrofe en Pakistán es muy superior. Hay catorce millones de personas sin hogar. Ya han transcurrido más de dos semanas desde las primeras inundaciones y no se articula una movilización internacional acorde con tanta población expuesta a la furia de las aguas, al hambre y al riesgo del cólera. Muchos paquistaníes son víctimas, por partida doble, de la antipatía que su gobierno suscita. Ellos son quienes sufren a diario a sus sátrapas, y se topan con el sesgado sentido de la solidaridad que desarrolla la sociedad mediática, capaz de empatizar hasta la lágrima o de ser indiferente hasta el desprecio.

Tailandia e Indonesia distan mucho de ser un dechado de virtudes como estados democráticos. El militarismo golpista también forma parte de su tradición. Pero los millones de afectados por el espantoso tsunami gozaron de un aprecio en el corazón de los europeos que no van a tener los paquistaníes más pobres de hogares arrasados en regiones muy aisladas por su contumaz orografía. Sobre todos ellos pesa el sambenito de habitar un país tan dispar que coquetea con el arma atómica, es a la vez aliado de Estados Unidos y cantera del terrorismo de Al Qaeda que golpea en cualquier país de modo indiscriminado. Es santuario de los talibanes y hostigador de la India, su enemigo íntimo, la mayor democracia del mundo.

Todo esto pesa en el subconsciente colectivo a la hora de no producirse una masiva movilización en favor de los paquistaníes damnificados. El planeta es mayoritariamente un territorio de catástrofes políticas en las que suceden hambrunas, epidemias, terremotos y diluvios. Pero somos selectivos hasta para discriminar la solidaridad desde la antipatía. La tragedia de los paquistaníes no toca la fibra sensible por ser un país mal visto a causa del terrorismo que allí nace o se encubre.

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