LA celeridad con que la crisis económica está dejando sentir sus efectos en Sevilla es tal que los responsables de Cáritas han dicho que la situación les recuerda épocas pasadas de penurias que ni se atreven a mencionar. En efecto, la demanda de auxilio a esta organización asistencial supera en Sevilla y su provincia en un 22% a la media nacional tras haberse disparado en un 70% en lo que va de año, pero especialmente en los últimos seis meses, cuando en el umbral del verano la caída de los indicadores económicos aún no hacía presagiar el incremento continuo en el número de parados y el frenazo en seco a sectores productivos clave como la construcción y el automovilístico. Si el panorama laboral deja poco lugar al optimismo, las expectativas son aún peores, ya que Cáritas augura un agravamiento de la coyuntura laboral y social cuando los parados que aún pueden contar con las ayudas por el subsidio de desempleo dejen de percibirlas. La sentencia es categórica: "Entonces comenzará la verdadera crisis". Este tipo de situaciones excepcionales ponen a prueba los valores de toda una sociedad. En este sentido, es preocupante que Cáritas haya empezado a detectar comportamientos racistas en algunos pueblos sevillanos, donde ahora se ve a los inmigrantes como competidores que vienen a quitar el trabajo a los nativos, cuando todos los estudios socieconómicos coinciden en señalar que una de las razones de la prosperidad de España en los últimos diez años al menos se ha debido en parte a la aportación de la mano de obra foránea, la cual ha venido realizando las labores que no querían hacer los propios españoles. Es, pues, necesario cortar de raíz cualquier actitud xenófoba, máxime cuando los andaluces han sufrido históricamente en sus carnes los sinsabores de la emigración y la marginación consiguiente. Sería imperdonable incurrir en las mismas actitudes que en su día reprochamos a otros cuando nos hallábamos en situación de necesidad. Decíamos antes que ahora se ponen a prueba los valores de nuestra sociedad. Afortunadamente, los donativos a Cáritas aún se mantienen y las familias actúan como red añadida de protección social. El mejor antídoto de Sevilla contra la crisis ha de ser la solidaridad.

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