La ventana

Luis Carlos Peris

Sólo Kafka podría dar con la tecla

QUIEN no haya visto o leído El Proceso, obra cumbre del enorme Franz Kafka, puede que no comprenda el sentido de lo kafkiano. Es el darse de cara con situaciones tan surrealistas como la que vive un artista excepcional al que le ha llegado un castigo cuando ya se encontraba en la puerta de salida de un túnel negro como la noche. Ese túnel en que el cableado se enreda por los más recónditos rincones de la sesera y que te despersonaliza hasta lo ilimitado fue la trampa en la que cayó un guitarrista tan excelso como Rafael Riqueni. Por aquel entonces daba pena ver al trianero ir de costero a costero en esa supervivencia donde no se sabe qué está mal. Luchó y encontró la luz, se agarró a su sempiterno clavo de la sonanta y volvió a ser el fantástico artista que nunca había dejado de ser. Pero lo kafkiano ha surgido para entorpecer una vuelta a la normalidad.

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