La ciudad y los días

Carlos Colón

Sólo respetan a quien temen

SEGUIMOS con lo de ayer -los artistas de agua dulce- porque con facilidad en estas cosas se pasa de la estupidez o el esnobismo a la agresión. Ahora se trata de Carles Santos, conocido artista multidisciplinar que se dedica a la música, la pintura, la fotografía, la performance y la escultura (es frecuente que estos Leonardos se crean con facultades para abordar varias disciplinas) que ha montado una "instalación" llamada Gritos de Cristo al Cristo de gritos en la que, además de su propia mierda fotografiada en colores, se exponen fotografías blasfemas en las que se puede ver a una mujer besando en la boca una imagen de Cristo, un crucificado metido en la parte delantera de unos calzoncillos o convertido en tacones de zapatos. Por lo visto los cristianos estamos excluidos del respeto que se pide para otras religiones y no formamos parte de la Alianza de Civilizaciones. Usted y yo sabemos por qué: estos transgresores de salón son unos cobardes que sólo respetan a quien temen.

El autor ha protestado diciendo que "poco a poco va creciendo esta censura que veremos hasta dónde llega". Yo se lo puedo decir: llegará hasta donde lo tolere el miedo de los políticos a la pérdida de votos, hasta donde el respeto al público o el temor a perder clientes de los organizadores decida y hasta donde los tribunales consientan. Y todo -política, negocio y derecho- forma parte del juego democrático. Salvo que se crea en esa tesis totalitaria que considera al artista superior a los ciudadanos comunes y por encima de las leyes.

Suele olvidarse que las vanguardias históricas, además de ser perseguidas por los totalitarismos, también coquetearon con ellos. "Las vanguardias, los movimientos totalitarios y la revolucionaria filosofía espontánea de la cultura de masas -recuerda Enrique Andrés Ruiz- tuvieron, en el siglo XX, un denominador común: se trataba de construir un hombre nuevo mediante la destrucción de las ideas de belleza, bien y verdad que, con tanta paciencia, la cultura de Europa había ido elaborando durante milenios". Subirats, por su parte, escribe: "Marinetti y Carrà inauguraron la propaganda fascista moderna, la militarización industrialista moderna; inventaron el maquinismo antihumanista y sexista moderno... Las vanguardias futuristas y constructivistas asumieron explícitamente los dos momentos esenciales de las vanguardias militares y políticas: la destrucción de las culturas históricas a escala global (lenguajes, tradiciones, memorias e instituciones); y la imposición de un nuevo orden posthumanoý". Conviene recordarlo para no caer en simplificaciones.

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