El buen yantar

Juncal / Dirección: C/ Valparaíso, 20

Soravito

ERA uno de los sitios secretos, particulares. Íntimos. De esos que hay que guardárselos para uno y sus amigos, pero el otro día había gente haciendo cola para entrar, y dentro del bar la situación era parecida al camarote de los hermanos Marx "ý y dos huevos durosý", así que me rindo a la evidencia y les cuento de Soravito.

El local es pequeño y así debe seguir, las cosas son como son y no como queremos. El día que le cambien la estructura se perderá gran parte del encanto. Hay una barra minúscula, tres mesas bajas y dos altas con banquitos; la decoración es reflejo de la personalidad de los dueños, una estudiada dejadez con un leve toque tarifeño.

El ambiente es muy curioso y no a todo el mundo le gustará. Es absolutamente heterogéneo, en una esquina las niñas Cologan, en la otra un grupo de bomberos tomándose una botella de tinto de las Alpujarras, en una de las mesas gente de banca privada y en otra mesa unos que parecen primos de Melendi, por lo de los pelo; incluso en otra un grupo de suizos de los que más adelante hablaré.Un sitio genial, donde en una pizarra se pide "estimados clientes, por el bienestar de todos moderen el tono de voz". No sirve para nada, el ambiente es ruidoso; pero todo se olvida cuando empiezas a pedir: la cerveza helada y unos vinos geniales. No se equivoca con los de la pizarra de "recomendados", probé un Bleu'05 francés y un Overo'06 de Lebrija y uno muy curioso de la ladera del sequé en Alicante. El alpujarreño lo dejaron tieso los bomberos. La carta de vinos es comparable con los de la Vinería.

De una minúscula cocina comienzan a salir exquisiteces: el roast-beef de atún, pastel de atún casero y los arrocesý por Diosssý prueben si hay el de setas y el negro. Muy original la pluma ibérica a la soja, o el bacalao al ali-oli o el paté al Armanage. La madre de la dueña hacía unas míticas croquetas pero ya ha dado de mano. Queda, cuando la plancha quiere, una impresionante ventresca de atún. Sublime. Sin más, como el crujiente de morcilla sobre puré de manzana. Cuando lo muerda verá fuegos artificiales.

Los postres son dignos de restaurante delicatessen. Ese día una amiga suiza hizo un brownie de chocolate con naranja sevillana, impresionante. Soravito, quizás signifique sorpresa, o alegría de disfrutar con la comida.

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