La esquina

josé / aguilar

Soria, evasor y mentiroso

NO podía dimitir como ministro de Industria, Energía y Turismo porque ya no lo era. José Manuel Soria cesó, junto a todos sus compañeros de gobierno, tras las elecciones de diciembre, y estaba en funciones. Ayer abandonó esas funciones (y, de paso obligado, el acta de diputado y la presidencia del PP canario).

No les quedaba otro remedio, ni a Soria ni al partido en el que ha hecho carrera, para minimizar los daños generados por una acumulación de escándalos que ya parecen metástasis: cada mañana dirigentes y militantes populares ponen la radio y abren el móvil angustiados, preguntándose a quiénes de los suyos les tocará hoy y adónde viajarán los agentes de la UDEF o la UCO.

Lo único sorprendente de este caso ha sido la torpeza del ministro al afrontarlo. No se pueden entender la celeridad con que salió al paso de las primeras informaciones, la firmeza que aparentaban sus declaraciones de inocencia y la arrogancia con que anunciaba su comparecencia en el Congreso para dar explicaciones. Todo eso se derrumbó en un santiamén. En cuanto se pudo demostrar -es lo bueno de los papeles de Panamá, y de lo que no son de Panamá- que el nombre de JM Soria en una sociedad ubicada en un paraíso fiscal no había sido un error, como dijo: figuraba también, varias veces, en otros paraísos, y cuando Soria ya estaba dedicado a la política. El ministro se dedicó al servicio público al tiempo que eludía pagar impuestos con los que se financian los servicios públicos.

José Manuel Soria no ha tenido que irse por sus cuentas opacas, que podrían ser delictivas o no y que son, desde luego, deshonestas, sino por embustero. Un embustero singularmente desmañado, cuya mentira ha cumplido de sobras con el tópico: tenía las patas muy cortas. Aun así estuvo a punto de engatusar a Mariano Rajoy, su amigo y protector, que le creyó y defendió en los primeros momentos y que por poco no le puso un correo pidiéndole que resistiera y dándole ánimos.

Salvado por la contundencia de los papeles de Panamá, Rajoy ha sufrido con el caso Soria un empujón más hacia la imposibilidad de armar su investidura, ahora o después de otras elecciones generales, con alguna fórmula de complicidad con el PSOE y con Ciudadanos. El PP necesita una catarsis como el comer y probablemente Rajoy está incapacitado para liderarla. Su actitud ante la corrupción lo ha descalificado ante propios y, sobre todo, ante ajenos.

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