Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Otra de Soria

RECTIFICAR es de sabios, pero no ponerse en la ocasión de hacerlo es aún más inteligente. Con la renuncia forzada del nombramiento de Soria, no tiene sentido que escriba otro artículo sobre la torpeza de Mariano Rajoy nombrando a su dimitido ex ministro y papelista de Panamá como representante de España en el Banco Mundial. Otros columnistas ya nos han explicado que el nombramiento podía haber sido evitado y hasta qué punto era un bofetón con la mano abierta en la cara de pan de Albert Rivera, con el que se acababa de firmar un pacto regeneracionista, justamente. Dentro del PP tampoco estaban muy contentos. Sospechaban que el bofetón a Rivera era, en realidad, una patada en el propio trasero, que ahora han querido evitar dando otra patada y echando el balón fuera del campo.

Como todo eso está escrito, me concentraré en la recepción popular del nombramiento exprés, porque, además de su propio interés político, supuso un agravio implícito al público en general. Con este nombramiento, tan innecesario incluso para la supervivencia económica de José Manuel Soria, que no pasa hambre, el Gobierno parecía estar diciendo que en España no hay otras personas capacitadas para un puesto así. Me explico: si contra todas las reglas de la oportunidad negociadora y del instinto político, como se ha visto, se nombró al ex ministro, se daba a entender que no había alternativas igual de fiables y de capacitadas y un poco más discretas.

Como eso es inverosímil, la lógica del hombre común recurría a otro fantasma de nuestro mercado laboral y de nuestra vida pública: los contactos, las relaciones personales, los padrinos, las puertas giratorias, las solidaridades en la sombra y, en definitiva, los enchufes. Fantasmas o realidades, el nombramiento de Soria expandió a pie de calle la sensación de que hay un club selecto de poder con entrada reservada y que las piezas (los piezas) se van moviendo, pero lo mínimo, y siempre de oca en oca y tiran porque les toca.

El PP no sólo sembró un desconcierto interno en sus círculos monolíticos, no sólo se rio en toda la cara del pacto con Ciudadanos y no sólo ha dado munición a un agotado Podemos y a un obseso Pedro Sánchez, ¡no sólo!, también ofendía el subconsciente colectivo de los españoles más apolíticos. Pero no había nadie mejor en toda España para ese puesto que no fuese próximo al presidente de Gobierno, aunque ahora lo tendrá que haber.

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