A contraluz

Joaquín / Rodríguez / Mateos

Subvenciones

ME han llamado poderosamente la atención las declaraciones en estas mismas páginas de Rodríguez de la Borbolla el viernes pasado, en las que veía como algo normal que las hermandades financien algunas de sus obras sociales con dinero público. Y no sólo por que las diga un cofrade -mi hermano en el Calvario- sino por que así lo piense una persona que ha tenido las más altas responsabilidades de gobierno en la Comunidad Autónoma: "Es perfectamente legítimo, como hacen las ONG. Normalmente las cofradías utilizan las subvenciones para obras y actividades concretas que son solidarias y que generan beneficios en la sociedad. No las utilizan para enriquecer los pasos". Frente a algunos responsables de cofradías, que se rasgan las vestiduras ante la sola idea de que la opinión pública pueda comparar su acción social con la de una ONG; frente a algunos noticiosos del mundillo cofrade, que acusan a ciertas corporaciones de meter la cuchara en el dinero público por ser receptoras de subvenciones para financiar proyectos de utilidad social; frente a quienes denostan a los poderes públicos por apoyar actividades sociales de las cofradías, dejando entrever una supuesta pretensión de instrumentalizarlas interesadamente, es precisamente la voz cofrade de quien ha presidido el gobierno andaluz la que, con cordura y naturalidad, pone las cosas en su sitio, haciendo descender a algunos al suelo firme del siglo XXI. Si las cofradías pretenden ser instituciones implicadas en los problemas de su tiempo, igual que lo fueron a lo largo de su historia ¿porqué no habrían de ser vistas por los poderes públicos como entidades de utilidad social, y, como tales, gozar del apoyo económico institucional para el desarrollo de sus fines? Porque cuando se recibe la subvención procedente de la explotación de la carrera oficial, que a fin de cuentas es una concesión municipal, nadie lo interpreta de esa forma torticera.

La caridad de nuestro tiempo no puede seguir siendo el óbolo limosnero, porque nuestro mundo nos pide luchar por la justicia social. Y si, afortunadamente, las hermandades pueden encauzar una acción social de envergadura ¿porqué no van a poder estar apoyadas económicamente por el sector público, si con ello contribuyen a un beneficio para la sociedad? Y es que no se puede ser más papista que el Papa.

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