La ciudad y los días

Carlos Colón

Sueños blancos

DÍA gris con sueños blancos. Se esperaba la nieve, tras 56 años, como uno de esos fenómenos que, por su rareza, parecen pequeños milagros que marcan una época. ¿Qué edad tenías cuando nevó en Sevilla? Yo, que tengo tan buen tino para equivocarme que el otro día entré en el Salvador para ver a Pasión en besapiés y no pude hacerlo porque había una misa -y mira que es raro tropezarse con una misa en el Salvador recién disecado... perdón, restaurado-; yo, decía, aquella gélida mañana en la que Sevilla amaneció blanca iba con mi madre en un autobús camino de Algeciras para coger el barco de Tánger. Mal tino. Sólo tenía dos años, por lo que dudo que me acordara de algo, pero me perdí tener una foto en una insólita Regina blanca.

Aquel helado 2 de febrero de 1954 -qué quiere usted: somos como somos- el Hotel Cristina anunciaba: "La Feria de Sevilla es permanente gracias a la Parilla instalada en su bodega". En el San Fernando daban La última flecha, en el Llorens El diablillo ya es mujer, en el Pathé, El mayor espectáculo del mundo, en el Trajano, Lo que el viento se llevó, en el San Vicente, Un lugar en el sol, y en el Esperanza, Mi mula Francis. En La Terraza actuaba la compañía de Antonio Molina con "su gran ballet español con nueve esculturales y bellísimas bailarinas" y el cantante melódico Manolo Pagés. No había televisión -¡qué maravilla de radio, de charlas circulares como la camilla en torno a la que se hacían, de tebeos, de novelas buenas o malas, de periódicos que las abuelas, pobrecitas mías, leían despacito y silabeando!-. El Sevilla (que perdió ese domingo en Vigo) iba el tercero en la Liga y el Betis (que ganó en Heliópolis) lideraba el Grupo VI de la Tercera División. Paco Otero daba noticia de la nieve en su Sevilla al día del Abc -"simpáticas pelusillas heladas" había llamado el día de antes el muy escéptico a los primeros síntomas de la nevada- informando del abandono de camillas y braseros para "gozar de tan bello espectáculo, infrecuente en estas latitudes".

Y tan infrecuente. Como que 56 años después mi madre, que debe tener mala conciencia por llevarme de Sevilla el único día en que nevó, me llamó sobre las tres para decirme que una sobrina apropiadamente llamada Nieves -hija de mi tío Ramón, que se hartó de hacerse fotos en el 54 tirando bolas de nieve- le había llamado para decirle que estaba nevando. Subí corriendo a la azotea, me helé, me empapé… Y no hubo nada. Algo cayó en la periferia de Sevilla y bastante en algunos pueblos. Suerte para ellos. Son las seis y cuarto. Llueve. Hace un frío épico. A ver si esta noche…

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