Visto y oído

Antonio Sempere

Suerte

YA pasó el Sorteo. Pero qué pesadez. Y qué cancha en las teles. Más minutos que nunca. ¿Qué digo minutos? Más horas que nunca. El tema del día. Y todos los tópicos, uno detrás de otro, en boca de todos. Uno, que por principios no ha jugado ni jugará en su vida, se hace cruces de que una especie de estafa piramidal consentida como ésta tenga tan buena prensa. Mucha gente, desde la base, contribuye para que unos cuantos, los de arriba, se lleven algo de pasta. Se necesita que muchos, muchísimos, piquen, para que lo que se llevan unos pocos sea sustancioso.

Dicen que esto de la lotería viene de toda la vida. De la mía, sí, desde luego. Porque fue don Manuel Fraga Iribarne, como ministro de Información y Turismo, el que decidió que se transmitiera el sorteo a través de la pequeña pantalla, en la Navidad del año 1962. Antes era cosa de la radio. Y de una prensa a la que costaba muchísimo confeccionar los listados.

Lo de la cantinela televisiva es reciente, sólo 46 navidades, aunque cineastas como Garci la convirtieran en icono de sus películas, cuando en día de hacienda juntaba a Sacristán y Faltoyano en la cama mientras los bombos arrojaban bolas.

En la tele de hoy todos pagaron el peaje. Y de qué manera. No hubo disidencias. Fueron más papistas que el Papa. En una carrera hacia delante, dieron pelos y señales de los frikis, de los inmigrantes que pasaron por caja. Y hasta se sumaron algunos colaterales, como Jordi Évole, que montó un número para Salvados contratando como figurante a una señora de 69 a la que la lavadora había hecho trizas el décimo premiado. Bien pensado, hubo un equipo que se libró del chaparrón. El de La 2 noticias, que había tomado vacaciones. En 2007 tampoco pasaron el peaje porque cayó en sábado. Dichosos ellos y nosotros.

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