La esquina

josé / aguilar

Sumergidos y ayudados

SIEMPRE que se publican datos indicativos de la situación social y económica de España tenemos la tentación, los andaluces, de deprimirnos, y a continuación nos preguntamos si las cifras reflejan fielmente la realidad.

Un reciente informe de indicadores urbanos del Instituto Nacional de Estadística constata que ninguna capital andaluza alcanza la renta media de los hogares españoles, que entre los quince municipios de menor renta hay cinco de Andalucía y que de las quince ciudades con mayores tasas de desempleo de España 10 están en nuestra comunidad autónoma. Las tres primeras, Sanlúcar de Barrameda, La Línea de la Concepción y Algeciras.

A Sanlúcar le atribuye el INE la desgracia de tener a prácticamente la mitad de su población parada. Esto es algo que cualquier visitante esporádico o periódico no termina de creerse, quizás porque no se acostumbra a adentrarse por todos los barrios de la ciudad. O quizás porque ignora algunos condicionantes de la sociedad y de la vida cotidiana (esto vale para Sanlúcar y para el resto de los pueblos señalados por los nefastos datos de la penuria andaluza).

El fundamental probablemente sea la existencia de una importante bolsa de economía sumergida. En estas poblaciones de la marginación y la pobreza hay numerosas actividades económicas y comerciales no regladas, que no se declaran a efectos fiscales ni laborales. Trabajo que no cotiza, empresas que no aparecen censadas e intercambios ajenos al IVA. Parte de estos ingresos y gastos están vinculados a actividades ilícitas y penalmente sancionables, y otras son simplemente opacas para la ley.

Otro elemento nada despreciable, y socialmente positivo, para explicar la contradicción entre estadística y realidad es el modelo familiar predominante entre nosotros, con vínculos estrechos y hábitos de ayuda en caso de necesidad. Y después, aunque no sé si en último lugar, que el Estado de bienestar, a pesar de sus recortes y vaivenes, proporciona numerosas modalidades de subsidios y subvenciones. Permite a mucha gente ir tirando y actúa como colchón de seguridad contra la desesperación y la rebelión.

Si todo esto es verdad, la pobreza relativa de Andalucía no ofrece dudas. Las estadísticas quedan confirmadas. Sólo que al estallido social que cabría temer se medio sofoca porque estamos sumergidos, socorridos por la familia y ayudados por un Estado más protector de lo que se cree.

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