Desde el fénix

José Ramón Del Río

'Summun ius, summa injuria'

FUE Cicerón el que primero advirtió que la aplicación estricta de la ley puede resultar más injusta que dejar de aplicarla. Y este proverbio ha alcanzado actualidad con la sentencia pronunciada por un juzgado condenando a una madre por abofetear a su hijo a pena de cárcel y al alejamiento. El Código Civil, que concedía a los padres la facultad de castigar moderadamente a sus hijos, fue reformado para dejarles, tan sólo, la facultad de corregirlos razonablemente y, más tarde, hasta de eso se les priva, de manera que ni siquiera la corrección se les permite, sino que han de actuar con respeto a su integridad física y psicológica. Si se les corrige y, sobre todo, si se les castiga, no es que sea algo incorrecto, sino que la ley lo ha convertido en un delito, si ocurre, como es lo propio, en el domicilio.

Los detalles del suceso son conocidos: el niño de diez años falta al colegio y no hace los deberes. La madre, que es sordomuda, después de que el niño le arroje una zapatilla, lo coge del cuello, le da una bofetada y éste se golpea con el lavabo; de resultas, el niño sangra por la nariz y su profesor denuncia a la madre. En estas mismas páginas, un editorial ha calificado el suceso de esperpento. Esperpento es un suave calificativo para llamar a tantos disparates. Porque disparate es que la jueza diga que no tiene más remedio que aplicar la ley porque no había razonabilidad ni moderación en la conducta de la madre, sin aclararnos cómo puede una sordomuda echar una bronca, razonable y moderada, con el lenguaje de los signos. Disparate es también que el fiscal apele la sentencia, solicitando que la cárcel se amplíe de 45 a 67 días y la orden de alejamiento de 1 año a 22 jornadas más, por no haberse tenido en cuenta que el suceso ocurrió dentro del domicilio. Disparate es, en fin, que otro fiscal hable de coordinar actuaciones y proponga como remedio un indulto parcial a la madre. Se supone que el hijo se quedará en el domicilio junto al padre, pero ¿y la madre?, ¿tendrá que irse a vivir a otro pueblo?, ¿su economía permitirá este gasto añadido? Y, sobre todo, ¿cómo es posible que por un suceso nimio la ley obligue a que un niño y su madre estén separados más de un año, cuando el hijo en los albores de la pubertad más la necesita? Una última pregunta: ¿por qué las asociaciones feministas, siempre tan activas, no han movido un dedo a favor de la madre?

Hay dos clases de cosas correctas: las que siempre lo fueron, y las que hoy se consideran políticamente correctas. Cada vez se separan más. Así, mientras se estudia ampliar los supuestos de aborto, convirtiendo a la madre en dueña de la vida de su hijo en gestación, cuando éste nazca, si le da un cachete, irá a la cárcel.

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