palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Superchería

LA descarada manipulación por el diario El Mundo de una fotografía tomada el pasado 26 de agosto durante una manifestación de abertzales en Bilbao conmovió ayer la red Twitter. Sumariamente ocurrió así. Los manifestantes que formaban la cabecera de la marcha sostenían una gran pancarta en euskera que rezaba: "Inposasaketarok ez naziona gara", que quiere decir "No a las imposiciones. Somos una nación". Pues bien, el editor cortó oportunamente la foto para que aparecieran sólo las sílabas "ETA" de la primera palabra junto a las personas que sostenían ese fragmento de la pancarta. El diario La Razón hizo lo mismo pero más finamente. Reprodujo entera la pancarta pero colocó estratégicamente dos cabezas de manifestantes para aislar las sílabas "ETA". Fue una forma más sibilina, incluso más artística, de lanzar el mensaje: el lector se veía obligado a leer ETA pero de una manera difusa, como aquellas estrategias publicitarias que los conductistas experimentaban en los cines en los años sesenta para que los espectadores consumieran más palomitas en el ambigú. En este caso, lo que había que consumir era más odio (¡al rico odio!), menos contra los abertzales que contra el proceso de pacificación de la vida vasca que tanto molesta a muchos conservadores españoles. Como venganza ya sería suficiente con que en las facultades de periodismo se estudiaran ambos casos como ejemplos de juego sucio en la etapa final del periodismo de papel.

Ante la posibilidad cierta de que alguien intentara justificar "el encuadre", un blog colocó ayer una foto de una manifestación de familiares de víctimas de ETA que sostenían, muy enfurruñados, una pancarta con la palabra "terror" sustraída supongo de una frase completa del tipo "contra el terrorismo". ¿Imaginan el escándalo que habría provocado semejante encuadre?

Por supuesto, la publicación en su día de la foto no escandalizó a nadie; ni a los manifestantes, que no frecuentan tales periódicos, ni a sus lectores cotidianos. Quizá (y eso es lo inquietante) porque la alteración del mensaje formaba parte de una rutina de estilo que parte de la idea de que la realidad tiene que ser de una manera determinada, y si no, se transforma.

Es paradójico el interés que tiene cierta derecha en mantener viva a cualquier precio la guerra de Euskadi y su minusvaloración de cualquier indicio de paz o entendimiento. La estrategia consiste no sólo en ocultar los síntomas de regeneración de la convivencia (como los captados este verano en el País Vasco, dicho sea con toda la prudencia) sino de buscar, a golpe de lupa, cualquier signo contrario, por insignificante (geográfica y representativamente hablando ) que sea. Y si no se encuentran, pues se editan.

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