La ciudad y los días

Carlos Colón / Ccolon@grupojoly.com

La Taberna de Góngora

ERA de general conocimiento en Sevilla que, cuando le pusieron el nombre de Góngora a la bodega que abrió sus puertas en la calle Albareda en 1939, no se estaba haciendo un homenaje al difícil genio cordobés, cuyo tricentenario había congregado doce años antes en el Ateneo a los poetas que serían llamados del 27. No, no era con don Luis de Góngora y Argote con quien tenía que ver el establecimiento, ni con el ateneísta homenaje que le organizó Ignacio Sánchez Mejías, sino con la bodega del mismo nombre que existía en Villanueva del Ariscal desde 1682, creada por don Rafael de Góngora y Arando en su hacienda Pata de Hierro, de la que salían vinos que, Guadalquivir abajo, llegaban hasta las Indias. Como la bodega se creó a partir de un viejo lagar de 1574 cuya prensa de viga de husillo -declarada Bien de Interés Cultural- aún se conserva, algo sí que tiene que ver en origen la bodega de Albareda, a través de las centenarias bodegas de Villanueva del Ariscal, con el poeta: don Luis de Góngora tenía 13 años cuando se construyó aquel primer lagar del XVI.

Viene todo a cuento de que a esta bodega sevillana que va camino de cumplir setenta años, y que toma su nombre de la de Villanueva del Ariscal que va camino de cumplir quinientos, le ha nacido un nieto, o un bisnieto, en la esquina de General Polavieja con Almirante Bonifaz, justo donde estaba la barbería Berro en la que se arreglaban Rafael el Gallo y Belmonte, que sentaban cátedra de tertulia justo enfrente, en Los Corales. Este nieto, o bisnieto, se llama La Taberna de Góngora y nos ha procurado esa cosa que la actual Sevilla da tan de tarde en tarde: una alegría.

En qué consista esta alegría es fácil de decirse: buenas cosas bien servidas en un ambiente acogedor y bien decorado (incluido el detalle -hoy que nadie se gasta en euro en hermosear su negocio- de los relieves de Martín Lagares), y unas mesas tras ventanales con vistas a Albareda, Polavieja y Almirante Bonifaz que piden tertulias. No es poco en esta ciudad nuestra en la que con cuatro plásticos de colorines se monta un negocio en pleno centro histórico, afeando calles que tuvieron tiendas y bares con escaparates e interiores que debían haberse salvado como patrimonio cotidiano de la ciudad (Laredo, Los Corales, Pascual Lázaro, Eulogio de las Heras, Calvillo, Gran Britz, Casa Rubio, La Española, Garach, ¿qué se hicieron?). Bienvenida sea esta bien nacida Taberna de Góngora, y larga vida tenga para que la conozcan nuestros nietos en una Sevilla que, por fin, haya aprendido a valorar el patrimonio histórico de su comercio tradicional.

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