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El buen yantar

Juncal / Dirección: C/ Avión Cuatro Vientos, 15

Taberna La Tata

LA taberna La Tata está al lado del bar Rosita. Iguales pero distintos. Genial el escudo de armas del bar en el rótulo, como genial es el sitio en sí.

Tiene varios ambientes perfectamente diferenciados. Una terraza autoservicio en la que en verano, y con la brisa que trae la mareíta del río, se está en la gloria. Un barril. Una ventanita por donde se pide y salen las cosas y que siempre tiene un lugareño leyendo un periódico. La minibarra, dos mesitas bajas y dentro un pequeño restaurante de cuatro mesas. La decoración es digna de verse y analizarla: toda llena de fotos de famosos… clientes. En La Tata, los protagonistas son los clientes habituales y de esto se les nota orgullosos.

La cocina está a la vista y está aprovechada y ordenada al máximo. Allí trabajan dos orondos cocineros (símbolo a valorar en un bar) en perfecta orgánica con los camareros que van pidiendo las comandas. De las sartenes, cacerolas y plancha salen originales viandas, impropias de lo que a priori se espera de un bar de barrio: lomo al jerez caramelizado con reducción de oporto, foie y patatas panaderas; solomillo de atún con base de salmorejo, canelones de espinacas y gambas. Tienen una mejorable corona de lenguado y beicon con crema de parmesano, muy seca y sin parmesano. Muy buena, por casera, la ensaladilla y exquisitas las papas a la antigua. Manejan mejor la sartén que el grill. Las presentaciones son realmente buenas y de las que no se dejan en el plato. Les pondrán unas bolitas rojas de sabor muy particular. Les desvelo el secreto: son bolitas de zanahoria maceradas en remolacha. Para empezar y no parar…

Magníficos postres: Culan de chocolate caliente, el Treschocolate y muy buena la naranja a la antigua, cortada a rodajas con azúcar, canela y un tiento de ¿Cointreau? Carta corta de vinos pero bien cuidados y mejor seleccionados. Original Pina Fideluis Roble que lo sirven por copas; Enate, Marbore, Carmelo Rodero, Marqués de Vargas y un sutil vino de naranja.

Un sitio curioso con un particular ambiente. Si a Rosita van los padres, a La Tata van los hijos. Jóvenes que rompen la norma de que sólo les gusta la comida basura. Además, en La Tata los precios son tremendamente ajustados, lo que hace que esté siempre lleno; eso y una gran calidad en la comida como la de esas tatas antiguas.

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