la ciudad y los días

Carlos Colón

Tablao Dancart

DE la adoración nocturna a la explotación nocturna. Espectáculos de luz y sonido, proyección de un mapping en el muro interior del rosetón del trascoro, efectos especiales lumínicos aprovechando las vidrieras… Todo en la Catedral, que abriría por las noches para intensificar su explotación turística e incrementar la oferta sevillana de espectáculos. La Catedral convertida en El Patio Andaluz en versión gótica.

Es una propuesta del Consorcio de Turismo del Ayuntamiento sobre la que, como ayer informaba el compañero Navarro Antolín, aún no se ha pronunciado el Cabildo. Dada la deriva luterana de los señores canónigos, que parecen haber estudiado con provecho el clásico La ética protestante y el espíritu del capitalismo de Max Weber, no es imposible que a la madrugada de la Virgen y a la Madrugá se sumen las noches gótico-turísticas que conviertan nuestra Catedral, no ya sólo en la gallina de los huevos de oro de la diócesis, sino en una gallina ponedora de explotación avícola intensiva que no distingue entre el día y la noche.

Me llama la atención que la propuesta aclare que todo se hará "siempre de acuerdo con las características de un edificio religioso". Porque uno, que es más antiguo que los balcones de palo, creía que las características de un edificio religioso tenían que ver con el silencio, el recogimiento, la oración, el culto y la administración de los sacramentos.

Ello no excluye que quien quiera lo visite para apreciar sus tesoros artísticos. Pero, si lo de los mercaderes del Templo aún significa algo, no incluye la explotación turística intensiva que restrinja los cultos a su mínima expresión, limite el libre acceso de los devotos a unas pocas horas o les obligue a identificarse como nativos y convierta el recinto en un escenario para espectáculos de luz y sonido, como si se tratara de las pirámides de Gizeh o de un templo abandonado que albergó los cultos de una religión desaparecida hace siglos.

Que la propuesta provenga del Consorcio de Turismo de un Ayuntamiento de derechas tiene su lógica angelamerkelista. Aunque los socialistas se empeñen en mantener en vida el fantasma de una derecha nacionalcatólica, necesitados de ennegrecer a sus opositores para que su rosa pálido parezca rojo, a la derecha neoliberal le sobran o hasta le estorban tanto como a la izquierda posmoderna los valores asociados a la experiencia religiosa. Ambas están por igual enfermas de zafio pragmatismo, feroz hiperconsumismo y agresivo antihumanismo. Ya no necesitan su tradicional alianza con la Iglesia. Y la ignoran. O la convierten en un tablao flamenco. Del flamenco Dancart, claro.

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