La ciudad y los días

Carlos Colón

Talante Jekyll, crispación Hyde

TIENE arte Zapatero. Ha negado la crisis que ahora afronta. Ha sido el doctor Jekyll internacional de la alianza de civilizaciones y el Mr. Hyde nacional que ha despertado rancios fantasmas vestidos con mortajas de rencores. Ha convertido la historia -que es la narración documentada y razonada de los acontecimientos pasados- en confrontación política, abriendo el camino a su esperpéntica judicialización. Ha agitado con una mano la bandera blanca del talante y con la otra la bandera negra de la izquierda rancia y sectaria. Al igual que Aznar en su segundo mandato dio alas a la derecha pija de la melenita, el corbatón y la crispación, Zapatero se las ha dado a la izquierda de la radicalidad de salón.

Esto ultimo, si no lo más grave, es lo más irritante. Otra vez, Dios mío, otra vez hay que sufrir esta Inquisición atea, esta apropiación abusiva de la razón, este secuestro de la verdad, esta ventriloquia de quienes se sientan la Historia en las rodillas para hacerle decir lo que ellos quieran. Con el agravante del ridículo que corresponde a quien saca pecho ante un personaje y un Régimen extinguidos hace 33 años.

Poseída por la misma cerrazón integrista del antiguo clero -españoles unos y otros al fin y al cabo-, esta izquierda zapatera se cree en posesión de la verdad absoluta sobre el pasado, el presente y el futuro, además de sobre la economía, la cultura, la política, la ética y cualquier otra actividad humana. Y por creerse en posesión de la verdad, se cree también con derecho a imponerla y ofender o desacreditar a cuantos disientan.

El numerito de la presentación del manifiesto en apoyo al juez Garzón fue un buen escaparate de las malas maneras de la izquierda-frankenstein electrificada por el Dr. Zapatero. Especialmente en lo que refiere a la fogosa intervención de Cristina Almeida, ya fuera manifestando sus ganas de quemar libros o burlándose de las víctimas de derechas asesinadas en la Guerra Civil.

Y lo mismo en todas partes. Retirar los honores concedidos a un dictador muerto hace tres décadas ha sido definido por un concejal sevillano como un día "de honor y gloria", términos más ajustados a la conquista de las libertades tras su derrocamiento. Pero esto no sucedió nunca, y pica. Hubo que esperar a que el dictador envejeciera, enfermera y agonizara lentamente; y a que una vez muerto el Régimen se autodisolviera y políticos más sensatos que los que ahora tenemos, procedentes del franquismo, el estalinismo, el socialismo marxista o el falangismo, se pusieran de acuerdo en nombre de los intereses de la nación. Y ello sin imponer el olvido o amordazar a la Historia.

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