La tribuna

ana Pérez Luna

Tania Sánchez, víctima anunciada

HAY una realidad que constantemente nos negamos a ver, la de la mujer y su papel en el espacio político, donde persiste una latente discriminación por razón de sexo.

El caso de Tania Sánchez es un ejemplo de ello. Es, simplemente, uno más de tantos otros. Otra mujer que apareció y desaparecerá del escenario político, en ese eterno rotar al que nos someten, mientras ellos se consolidan en el poder, como grandes líderes. De nuevo una triste realidad. Mientras nuestros compañeros tienen décadas por delante de éxito y proyección en sus carreras políticas, la mujer que consigue llegar a un puesto relevante político-institucional tiene los días contados.

Eterna rotación, sí: eran, son, y siguen siendo ellos quienes eligen, quienes deciden cómo, cuándo y dónde nos ponen o nos quitan de su espacio, ése en el que se deciden las cosas importantes. Un ejemplo más que claro es lo recientemente ocurrido en Grecia. La realidad es la que es, el Gobierno griego se ha conformado excluyendo a las mujeres, eso sí, gracias a ellas y a su voto; el históricamente conquistado voto femenino.

Un estricto análisis de género es imprescindible. Para ello hay que tomar distancia del embrollo político en cuestión, abrir bien los ojos, mirar a la cara de la realidad y contrastar los insolentes datos sobre la presencia de mujeres en el poder político. Esto debería llevarnos a una reflexión, porque sólo así podremos combatir la vergonzosa, aplastante y discriminatoria realidad que delatan las cifras.

No podemos quedarnos en la superficie. Hay una diferencia cuando en el seno de cualquier aparato surge la discrepancia y la crítica, y la hay si la ejerce una mujer o un varón. Para ellos está la condescendencia, siempre hay un hueco, un pacto de caballeros, una salida y hasta una puerta giratoria que se abre. Pero la condescendencia llega a su fin cuando una mujer entra en escena. Entonces volvemos a la bruja que fuimos, y lo nuestro, eso sí es pura deslealtad, profunda y maquiavélica traición ante la que sólo queda poner en marcha el colosal aparato, y que éste y su peso caiga sobre nosotras hasta aplastarnos, invisibilizarnos del todo y escupirnos de su sistema.

Y no pasa nada, se nos sustituye, para eso está la maravillosa cuota y la perversa utilización que de ella ha hecho el patriarcado: se respeta el porcentaje numérico, pero se coloca a la que interese en cada momento. Consecuencia: salvo excepciones, ninguna se consolida en el poder, siguen mandando ellos y, de nuevo, vuelta a empezar. Es más, estoy convencida de que si llegase a calar en la opinión pública que el caso Tania esconde detrás una lectura de género poco favorable para la formación, es probable que Izquierda Unida tenga la tentación de colocar en el lugar de Tania Sánchez a otra mujer en versión dócil y leal. Es evidente, al menos con las gafas violetas puestas, que hay un choque frontal entre las actuales estructuras de poder en todos los ámbitos y la manera en que nosotras entendemos y gestionamos éste.

Y luego estamos las feministas, con multitud de luchas y conquistas a nuestras espaldas, pero que, por hache o por be, vemos pasar por nuestras narices todos estos casos, una víctima del machismo institucional detrás de otra, pero como hay detrás una organización organizada, pues no nos atrevemos con ella. Como si volviéramos a años atrás, cuando la violencia de género era entendida como algo particular en el domicilio privado del vecino. Por más que los gritos fuesen insoportables, era una cosa del ámbito privado, donde "mejor no meterse".

Los aparatos, las estructuras, los partidos, los sindicatos, las instituciones, se han resistido a adaptarse a los cambios necesarios para su supervivencia, y sobre todo, para su utilidad. Afortunadamente, y después de inauditas collejas, empiezan a abrir los ojos y parecen estar dispuestos a asumir un cambio generacional, pero ¿de género? Ni de coña…

Me gustaría insistir en que este análisis es estrictamente de género, no estoy de acuerdo con muchas de las cuestiones planteadas por Tania Sánchez y no soy de Izquierda Unida. He sostenido esta posición con respecto a muchas organizaciones, incluida UGT, donde llevo militando catorce años.

También he denunciado la brecha de género en profesiones como las relacionadas con los medios de comunicación, el servicio doméstico, etcétera. He reflexionado sobre actitudes machistas en torno a mujeres como Carme Chacón o la propia presidenta de la Junta de Andalucía antes de serlo. Por eso estoy convencida de que el feminismo, si de verdad quiere avanzar, debe estar por encima de siglas y partidos.

PD: Alberto Garzón, prometedor varón que, como Tania Sánchez, ha mantenido una posición crítica con respecto a su partido, sigue en su mismo lugar. ¿Ha sido menor la presión ejercida sobre él? ¿Será el futuro salvador de la formación? ¿Servirá esta crisis para cerrar filas en torno al incipiente líder varón? ¿Pasará a la historia como el reformador de IU? ¿O acabará fuera, como su compañera? Observemos y tomemos nota.

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