la tribuna económica

Gumersindo / Ruiz /

Tapando grietas

ENTRE las pocas cosas que el Memorandum para la intervención del sistema financiero y la economía española, acordado entre el gobierno español y la UE, invita a que se gaste dinero es en las políticas activas de empleo (punto 31 del Capítulo VI). Ningún gobierno debería claudicar ante el paro como algo inevitable, porque sin resolver primero este problema vamos a tener más deuda pública, nos van a pedir un tipo de interés alto, la desconfianza en nuestra economía será aún mayor, los consumidores no consumirán, los empresarios no emprenderán, el sector inmobiliario llegará a la práctica extinción, se van a recaudar menos impuestos, y nuestra sociedad entrará en una situación de conflicto permanente.

La prima de riesgo no es el problema, quizás el 7% es excesivo, pero pagar un interés entre el 5% y el 6% por una deuda a diez años no es exagerado. Esa era la referencia histórica de la deuda alemana antes de la crisis y una vuelta a la normalidad de la deuda alemana alrededor del 4,5%, que proteja a los ahorradores de la inflación y les deje un poco de rentabilidad, daría una pérdida inmediata del 24% a los que están comprando hoy a un tipo de interés del 1,5%. El problema es el paro, que directa e indirectamente nos hipoteca sin remedio; un paro que Alemania disimula con los llamados miniempleos, sin horarios ni condiciones conocidas y con salarios ridículos, y contratos de aprendizaje que quitan parados de la calle. Pero salvan la situación y generan expectativas favorables. Aquí, ningún gobierno debería presentar un programa económico donde el empleo permanece en el 24% de la población activa, porque es como aceptar que este país no es viable empresarialmente.

La semana pasada, el vicepresidente de la Junta de Andalucía y el consejero de Economía negociaban con la ministra de Trabajo los recursos que envía la UE para las políticas activas de empleo, de los cuales 270 millones están pendientes de liquidar a Andalucía. Estas políticas tratan de evitar que la gente entre en el paro, crear trabajos aunque sean precarios como alternativa, y dar formación y facilitar que se cubran las vacantes que haya. En Andalucía no han dado en el pasado muy buenos resultados, en parte porque dependen de políticas del Gobierno central (fiscales, de seguridad social, financieras, como los microcréditos para autónomos), que nunca ha mostrado mucha confianza, y ahora menos, hacia estas políticas regionales.

El profesor Timothee Vlandes, de la London School of Economics, ha demostrado que los efectos positivos de las políticas de empleo dependen del contexto en que se apliquen. El nuevo Gobierno en Francia está desmontando el programa anterior de desgravar las horas extraordinarias, y haciendo menos flexible el mercado de trabajo para preservar el empleo, con resultados espectaculares para su prima de riesgo. La principal flexibilidad que necesitamos hoy es la de la mente, y si tenemos margen en Andalucía para poner de acuerdo a Junta, sindicatos y empresarios en torno a políticas activas de empleo, aunque esto sólo sea tapar alguna grieta de nuestro deteriorado mercado de trabajo, merece la pena intentarlo.

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