Antonio / Sempere

Teatro

EL jueves 9 de julio era la fecha. Los Teatros Nacionales anunciaban el paquete con su programación hasta el próximo mes de junio. El María Guerrero y el Valle-Inclán, las Salas Nieva y la Princesa, dependientes del INAEM y con Ernesto Caballero en la dirección artística, volvían a convocarnos para anunciar otro menú delicatesen. Tan esencial en estos tiempos duros para la cultura. Aprovechando mi estancia en El Escorial me dispuse a desafiar las temperaturas tórridas y plantarme en el María Guerrero para saludar a Montse Iglesias, Mayorga, Caballero y tanta gente querida. Pero un golpe de calor me ladeó en un recoveco de la sierra. No importa, me dije, una vez superado el trance del sofocón. Para eso están los informativos. ¿Cómo no van a dedicar un minuto a dar parte de que los teatros nacionales, los de todos, ya tienen emplatados unos menús de los chuparse los dedos de octubre a primavera? La programación ya la tenemos todos a un golpe de clic en el dossier, pero de verdad que me daba mucha ilusión ver las imágenes de este anuncio del festín.

Ni que decir tiene que me tuve que quedar con las ganas. Que el teatro no tuvo hueco en las escaletas, y que, como ocurre con las presentaciones de la temporada de La Abadía, el Español o el Canal, el asunto se desvía a las radios, las agencias, y como mucho a alguna televisión de ámbito local. Un desaguisado, no por asumido, menos triste. Para compensar, ya que me encuentro en los Cursos de Verano de la Complutense, pelearé para que al año que viene se programen algunos como los siguientes: Rosana Torres. Teatro en las venas, 50 años del UHF (1966-2016). La edad de oro de los dramáticos o Los mundos de Stephen Sondheim. Nos lo merecemos.

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