La ciudad y los días

Carlos Colón

Tele-política y política-basura

LES contaba cómo, tras su invención en la televisión pública del PP valenciano de Zaplana, la popular Telemadrid de Gallardón y la socialista Canal Sur de Chaves no tuvieron empacho en emitir Tómbola. A las televisiones públicas les venía bien la telebasura, con independencia del partido político que las manipulara, porque daba audiencia y ésta hacía más eficaz la propaganda. Terminaba ayer preguntándoles si sabían los nombres del secretario de Estado y el ministro de Educación y Cultura que se enfrentaron en contra y a favor de Tómbola. Pues eran Michavila y Rajoy. Cuando Michavila afirmó que Educación "consideraría altamente beneficiosa" que Telemadrid dejara de emitirla, Rajoy, siempre tan decidido, le contradijo afirmando que "el Ministerio, como tal, no ha dicho nada de eso. No sé de dónde habrá salido esa noticia. Yo, desde luego, no lo he dicho"; añadiendo que el programa no le gustaba, aunque entendía que pudiera gustar a otros. Eso es hablar claro. Así le va.

Lo divertido -que en política resulta ser siempre triste- es que mientras para el PSOE era impropio que la televisión pública programara Tómbola en Madrid, los socialistas lo emitían en Canal Sur, pagando 5,5 millones de pesetas públicas por cada programa. Y el PP, que lo había empollado en Valencia y programado en Madrid, aquí pedía su supresión. ¿País partidista y partidos sin sustancia ideológica los nuestros? ¡Qué va!

Tres meses después Canal Sur lo retiró de su programación. Telemadrid lo suprimió cuatro años más tarde. La derecha, ya se sabe, es más lenta por su propia naturaleza conservadora. De entonces a hoy sólo ha crecido ese sumidero de guardia. Enriqueciéndose con figuras tan señeras como Carmen Lomana, Belén Esteban, la vecina traidora, la Rapado, el ex de Falete, la viuda de Postigo, la saga Ambiciones, Richy Bastante, ex mayordomos, ex chóferes, ex cocineras, ex amantes, ex secretarios y la legión de supuestos periodistas y colaboradores que los zahieren, jalean y manipulan a la vez que son zaheridos, jaleados y manipulados por ellos.

Y por si no bastara la telebasura rosa tenemos también las importaciones de telebasura negrísima, no pocas veces procedente de los Países Bajos -¡Europa!- como Gran Hermano o Fear factor, programa que en su versión estadounidense emite La Siete y en el que el otro día tuve el gusto de ver como los concursantes se comían salchichas rellenas de gusanos vivos y de sanguijuelas igualmente vivitas. Pasolini ya lo anticipó tal cual en su Salò o las 120 jornadas de Sodoma, identificando el neohedonismo consumista y la televisión con el nazi-fascismo. Tenía razón.

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