Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Terapia

CADA vez parece más evidente que la crisis desatada en el PP es ideológica tanto o más que de poder, experiencia o talante, pero todas las partes en conflicto se niegan a reconocerlo abiertamente. A lo sumo recurren a alegorías o rodeos más o menos afortunados. Es razonable. Los conservadores se han movido siempre como un bloque sólido que abarcaba todos los matices posibles: la derecha centrista, la derecha sin tapujos y la radical. Esa meritoria armonía, mantenida a pesar de los reveses electorales, es la base del poder electoral y la influencia del PP. No es la única ventaja. El PP ha atemperado durante lustros las veleidades de la derecha radical. Por eso, admitir abiertamente que el enfrentamiento entre Rajoy y Aguirre responde no sólo a un pulso de autoridad o a dos formas de planificar la oposición sino a discordias ideológicas es una revelación que nadie se atreve a hacer, pues pondría en peligro la cohesión del partido y abriría las puertas a la secesión.

Sin embargo, el centro de las discrepancias entre Esperanza y Mariano reside en buena medida ahí, en el núcleo del pensamiento conservador, y las alusiones (cautas, prudentísimas) son continuas. Esperanza Aguirre es, de los dos, la que ha reclamado la necesidad de abrir un debate ideológico que clarifique las posturas o, más que un debate, un concilio que vuelve a reunificar en un solo programa los puntos de vista divergentes.

Aguirre, el jueves, inventó un curioso artificio comparativo y aseguró que los socialdemócratas -es decir, los socialistas- están más "cómodos" con Rajoy que con ella, una afirmación que sólo cobra sentido si el interlocutor es capaz de diferenciar al Rajoy que ha estado durante cuatro años encabezando una oposición implacable contra el PSOE -y al que encabezó la intensa campaña electoral del mes de marzo- del Rajoy del último mes y medio, el Rajoy que aparentemente ha marcado un nuevo rumbo a su partido después del fracaso del antiguo.

Las explicaciones de Aguirre, después de ser reprendida por el portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, por la broma de los socialdemócratas y Rajoy, son aún más oscuras y peregrinas: "Lo que he dicho es que yo no soy la favorita de los socialdemócratas (?), pero si ustedes se encuentran a algún socialdemócrata que me prefiera a mí... iba a decirles que les daba un euro por cada uno que encuentren, pero igual lo encuentran y me arruino".

Quién nos iba a decir que el PP recurriría para su particular terapia de grupo a la hipótesis imaginaria de un socialdemócrata dispuesto a entregarse, ora a Rajoy, ora a Aguirre, y que la solución de ese romance señalaría al vencedor.

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