Hablando en el desierto

Francisco Bejarano

Tercera república

El general Juan Bautista Bernardotte, de origen sencillo, fue elevado por Napoleón a mariscal de Francia, el más alto grado, que implicaba nobleza, del ejército del imperio. Por razones que no vienen al caso y que cualquier lector podrá consultar fácilmente, Carlos XIII de Suecia lo adoptó y proclamó heredero de la corona, a la que accedió con el nombre de Carlos XIV. Todavía un Bernardotte, Carlos XVI, reina en Suecia, la única monarquía napoleónica, si no nos engañamos, que ha sobrevivido. Como heredero y rey, cuidó de esconder el tatuaje que se hizo en el brazo derecho en los años revolucionarios: Muerte a los reyes. Durante una enfermedad su médico le recetó una sangría, a lo que el rey se negó, pues debía desnudar el brazo tatuado. Accedió al fin ante la necesidad, pero mandó a todos salir de la estancia y quedarse a solas con el médico, a quien pidió juramento de no revelar el secreto. Con todo, se supo. Los suecos no pensaron que tenían un rey republicano, sino que admiraron y alabaron la evolución ideológica de su monarca.

En España, la izquierda capitalista, valga la redundancia, tiene un embrollo mental con el republicanismo o sólo cuenta lo que le conviene para seguir perdiendo votos. Transmite la idea de que una república es más democrática que una monarquía y, por descontado, sólo puede ser de izquierdas. Se lanzan estas ideas sin fundamento porque siempre hay quien se las crea, o para remover algo que confunda, aunque nos recuerde el peor es meneallo quijotesco. La inmensa mayoría de los Estados soberanos son repúblicas y sobran dedos de la mano para encontrar algunas comparables a la francesa. Monarquías hay pocas. A pesar de que los reyes actuales hacen lo que pueden por desprestigiar la institución, a las monarquías les ocurre lo contrario que a las repúblicas: la gran mayoría son democracias tan buenas o más que la francesa.

El republicanismo en España es un argumento de urgencia de una izquierda que se ha quedado sin argumentos; pero no es popular, es sentimental. Republicanos hubo siempre muy pocos, incluso los advenimientos de las dos repúblicas españolas, a cual más desastrosa, fueron por dejación de los monárquicos más que por dedicación de los republicanos; más por el descuido de un régimen que por el triunfo de otro. El republicanismo español es un sentimentalismo similar al que mueve a los naturales de un lugar por su patrona: no es una fe exactamente, sino una devoción emocional heredada. Cuando sale la procesión, no es la Virgen Santísima la que va en el paso, sino la madre y la abuela de cada uno de los devotos. Los republicanos más listos sabrán que una tercera república en España no se puede parecer ni de lejos a ninguna de las dos anteriores, ni a las hereditarias siria o coreana, sino a la francesa, la más parecida a una monarquía. El mariscal Bernardotte era francés.   

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