Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Territorio chiíta

LAZKAO o Lazcano, como ustedes quieran, está al sur de Guipúzcoa, en la comarca de Goierri, más cerca de la frontera con Navarra que de San Sebastián. Tiene unos 5.000 habitantes, dos tercios de los cuales son euskaldunes. En las elecciones municipales de 2007, el Partido Nacionalista Vasco sacó 895 votos y ocho concejales; el Partido Socialista de Euskadi, 326 votos y tres concejales, la unión de Izquierda Unida con Aralar, 175 votos y un concejal, y el Partido Popular, 100 votos y otro concejal.

Las papeletas nulas de la última franquicia conocida de ETA, Acción Nacionalista Vasca, sumaron entonces 768 votos. Estos fundamentalistas quieren convertir el pueblo en territorio chiíta. Y excomulgar a todos los infieles. Los fanáticos abertzales son gente peligrosa, por su carácter racista, excluyente, que desprecia cualquier idea que no sea la suya, y violento, que amenaza la vida de los disidentes. Sus amigos de ETA ponen una bomba en la Casa del Pueblo de Lazcano y destrozan el piso de arriba. Esa vivienda la acababa de arreglar Emilio Gutiérrez, hijo de un ex concejal socialista de la localidad. Iba a mudarse allí de inmediato con su compañera. Me cuesta trabajo imaginar su indignación. Cogió un mazo y se fue a destrozar la herriko taberna.

Me habéis jodido mi casa, ahora yo os voy a joder la vuestra, fue el argumento de Emilio para destrozar la puerta del local en el que se reúnen los radicales aberzales y, en el interior, romper mesas, sillas, el televisor, un ordenador, botellas, vajilla y todo lo que encontró. Cuando vio que llegaba un grupo de ertzainas, se entregó pacíficamente. "Lo siento por mis padres, pero no hay solución; ojo por ojo, diente por diente, hijos de puta", gritó como justificación mientras los policías autonómicos lo esposaban y se lo llevaban detenido.

Los etarras pueden poner bombas y destrozar vidas y haciendas, pero tienen muy poco aguante. Y se han enfadado por el atrevimiento de Emilio: se han manifestado para proclamar que se trata de un fascista y han llenado el pueblo con pasquines en los que le ponen en la diana. Así que el joven de 35 años, que tenía trabajo en una industria del vecino pueblo de Beasáin, ha tenido que dejarlo todo y refugiarse en Alicante. Ahora su vida corre peligro.

Ya les he contado alguna vez el chiste de Gila. Unos brutos gastan unas bromas tremendas en su pueblo, le ponen un cartucho de dinamita a uno en el bolsillo y lo destrozan. "Y la madre, la muy guarra se enfadó", contaba Gila. "Es lo que le dijimos: si no sabes aguantar una broma, vete del pueblo". La realidad supera a la ficción. Emilio Gutiérrez, incapaz de aguantar una broma, ha tenido que salir huyendo del territorio chiíta. Sobre el sentido del humor del fundamentalismo asfixiante no tenemos noticia alguna.

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