El perfil

Pepe González / Sevilla

Territorio hostil para la práctica

Veinte años lleva escalando David en un entorno tan poco propicio para ello como el sevillano. Comenzó a practicar las diferentes modalidades del montañismo -esquí de travesía, escalada, alpinismo de dificultad- a los 16 años, cuando, todavía, su madre le preparaba las provisiones para cada una de sus expediciones. Su primera toma de contacto con este deporte se produjo tras su acercamiento a la OJE (Organización Juvenil Española), donde se proponían actividades como el montañismo.

Como declara, "en aquella época no existían los entrenadores personales", por lo que David nunca ha llevado un plan metodológico para preparar sus ascensiones. Casi siempre, el tiempo que podía emplear a su preparación lo dedicaba a trabajar, conseguir dinero y poder embarcarse en una nueva aventura.

Para David lo realmente importante para practicar un deporte tan duro como éste, no radica tanto en la preparación física como en la fortaleza psicológica. "A la hora de afrontar una ascensión lo primordial es el coco, si no estás preparado mentalmente, no teminarás con éxito".

Puede pensarse que todo el esfuerzo que requiere cualquier ascensión se olvida una vez que llegas a la cima. Sin embargo, para David, la verdadera autorrealización se produce cuando llegas abajo. "Cuando estás arriba sientes que has conseguido la mitad del trabajo, la montaña acaba abajo. Si no eres capaz de terminar sientes una frustración inexplicable". Por el camino se van quedando las trabas normales en un deporte de elegidos: falta de alimentos, insuficiencias en la higiene, congelaciones. Este cúmulo de circunstancias han hecho que este montañista valore al máximo algo que, en un principio, sería insignificante. "Soy incapaz de dejar una aceituna en un plato, he pasado mucha hambre".

Muchas de las cumbres más importantes del mundo han sido coronadas por el montañista sevillano. Ascendió el quinto punto más alto del mundo, el Makalu (8.463 metros) en la frontera de Nepal y Tibet. En 1990 participó en la primera expedición de andaluces en ascender la montaña más alta de América, el Glaciar de los Polacos (6.962 metros) en la ruta de ascenso al Aconcagua, en Argentina. Seis años después viajó hasta Perú para ascender el Alpamayo (5.947 metros) en la Cordillera Blanca. En 1998 volvió a subir el Kilimanjaro, (tras hacerlo en 1987), y meses después, el Pico Lenin (7.625 metros), situado al noreste de Tayikistán, aunque en esta ocasión no pudo hacer cima. Y su última aventura tuvo lugar en Alaska, donde ascendieron a la cima más alta del Ártico, el Monte McKinley (6.240 metros) en el año 2004.

Esta apasionante vida ha sido apoyada en todo momento por su familia, pese a que ésta contaba los días que faltaban para la vuelta de David. Ahora ya pueden respirar un poco más tranquilos.

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