RELOJ DE SOL

Joaquín Pérez Azaústre

Terrorismo anónimo

ESTA gente no defiende la cultura. Ni siquiera la huele. Lo que quiere es robarla. Anonymous publica datos privados del actual ministro de Cultura, José Ignacio Wert, y de su antecesora, Ángeles González-Sinde, por defender los derechos de autor.

De González-Sinde encontramos números de móvil, direcciones postales, fotos de su casa y datos familiares. De José Ignacio Wert, también direcciones postales, teléfonos y datos de un familiar. "Esto sólo es una pequeña parte de la información, tenemos mucha más información almacenada en lugares seguros. Hemos creído correcto no publicar datos de personas no relacionadas con la ley Sinde/Wert, pero si, en un futuro, dichas personas cambian de posición o hacen algo que creemos merecedor de castigo, toda nuestra ira caerá sobre ellos". En el documento, difundido en la Red, hay datos de David Bisbal y Carmen Alborch, de los actores Carlos Bardem, Guillermo Montesinos y Ana Álvarez y del novelista y cineasta Vicente Molina Foix.

Nos encontramos ante dos crímenes distintos: la difusión de datos íntimos, que en el caso de los ex ministros podrían, incluso, acarrear consecuencias nefastas respecto a su seguridad, y también la amenaza de extorsión para todo aquel que no acepte el concepto de cultura gratuita no propuesto, sino impuesto, por el colectivo Anonymous.

Si la cultura es de todos, y además gratuita, que publiquen ellos también sus direcciones postales, que nos abran las puertas de sus casas y establezcan un sistema de donación pública de los libros de sus bibliotecas, si tienen. Lo explicó muy bien Lichis, de La Cabra Mecánica, cuando en un instituto un chaval le argumentó que la cultura tiene que ser gratuita. "¿En qué trabaja tu padre?", le preguntó Lichis. "Mi padre tiene un bar". "Pues dile a tu padre que mañana me voy a poner en la puerta de su bar, a regalar cerveza a todo el mundo, a ver qué le parece". La incuestionable libertad de expresión nada colisiona con otro derecho irrenunciable: la propiedad intelectual.

Así que pagan la conexión a internet, las copas del sábado, pagan los condones, pagan, algunos, la maría de los porros al camello de turno, pero el creador ha de trabajar gratis para ellos. Aman tanto la cultura que no desean pagar nada por ella, mientras que pagan, por todo lo demás, bastante más dinero. El creador no puede vivir de su trabajo porque, claro, su trabajo es de todos. Terroristas cibernéticos y ladrones con apología.

Podríamos debatir sobre la industria, pero nunca abolir el derecho a la propiedad intelectual. Si Anonymous no está conforme con el derecho de propiedad, que empiece por abolir la suya -inmobiliaria, mobiliaria, el chupa-chups, la moto, lo que sea- antes de dar lecciones. Muestran, muy orgullosos, la careta de V de Vendetta: ellos han podido leer esta novela gráfica gracias a que Alan Moore cobró por su trabajo.

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