Visto y Oído

Francicsco / andrés / gallardo

Terrorismo

LOS terroristas del llamado Estado Islámico de Libia han planificado el horripilante vídeo de las decapitaciones con una puesta en escena y unos enfoques que podrían pasar por el arranque de una serie. No es un vídeo casero, ni una cámara estática. Es narrativa amenazante y casi lírica. Han servido con escalofriante estética para el espectador occidental, al que conocen, una ejecución masiva que ha logrado el efecto deseado: conmoción, miedo y una indignación trastabillada por la parálisis, por ese orden. Vuelven a presentar sus credenciales con un puñetazo mediático. Así motivan a sus afectos y atemorizan a los blandengues. Quieren guerra y con ese vídeo pronuncian que no dejan salidas negociadas ni rendiciones fáciles. Libia se agranda como pesadilla junto a ese infierno de taifas que va de Damasco a Islamabad con el paréntesis iraní.

El terrorismo etarra empujaba coches bomba contra patios donde jugaban niños, como en Vic; ponía bombas lapa debajo de automóviles familiares y pegaba tiros en la nuca a gente que estaba con sus hijos paseando por la calle. Más de uno les siguen considerando héroes por estos asesinatos y otros son capaces de justificarlos. Los etarras no grababan sus gestas, pero se regodeaban con la cobertura de los medios y se relamen aún con la división política que generan. Los alemanes mataban de forma industrial hace poco menos de un siglo, con muchos testimonios cinematográficos escamoteados; y entre los civilizados japoneses había militares que competían para comprobar quién decapitaba a más gente en menos tiempo. Mirando más atrás nuestros propios antepasados prendían fuego y festejaban las ejecuciones. El horror de los yihadistas no es tan ajeno a nuestro pasado. Ellos aprovechan las cámaras y el altavoz de la globalización. Estilo actual para viejos métodos de someter, humillar y asesinar. Nuestro peor presentimiento: la imparable escalada de desafíos a la que hemos de asistir. Nuestra misión: tomar medidas en esta guerra irrenunciable ante nuestra casapuerta.

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