la tribuna

Manuel Gracia Navarro

Tiempo de hablar en el PSOE

TRAS las elecciones del 22 de mayo quienes compartimos profundas convicciones progresistas debemos abrir una seria reflexión acerca de los tiempos que estamos viviendo y, sobre todo, de los tiempos que están por venir. Hoy estamos ante la crisis más grave que ha sufrido el mundo desde hace casi un siglo; no hay recetas, no hay certezas, no hay reglas, y no es fácil definir un horizonte. Formamos parte de la UE, una Unión asediada desde fuera por los mercados, dedicados a obtener pingües beneficios especulando con el euro, ansiosos por el sabroso bocado de las pensiones y la atención sanitaria de los 500 millones de europeos, una Unión cuestionada desde dentro por las políticas populistas que ponen en duda elementos centrales del acervo comunitario, y que son aliados perfectos de esos mercados.

España no es ajena a esta situación: el populismo impregna la acción del PP y de la mayoría de los medios de comunicación; la acción política aparece secuestrada y mediatizada por los mercados; la percepción de los casos de corrupción es agrandada o minimizada a conveniencia como parte de una estrategia para ahondar el divorcio entre política y sociedad. Están en juego bastante más que unos resultados electorales o que la alternancia política en Andalucía. Está en juego todo un universo de valores que han conformado la Andalucía de hoy, y que se resume en el valor de la equidad de acuerdo con el viejo principio "de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades".

Cada vez que los andaluces han acudido a las urnas hasta ahora, han apoyado un proyecto político que tiene como alma la equidad. La alternativa es la hegemonía de un proyecto político conservador que tiene su meta en el beneficio personal y su lema en el "que cada cual se busque la vida". Pero también está en juego una forma de hacer política, un determinado modelo de relación de las instituciones y de los partidos políticos con los ciudadanos. Estamos asistiendo a unos cambios sociales y tecnológicos que implican la globalización de la información, y por ello la búsqueda de mayor participación ciudadana en las deliberaciones y decisiones que les afectan.

Puede que la clave esté en mejorar sustancialmente el trabajo político y no en abrir grandes debates ideológicos; no se trata de girar a la izquierda o hacia el centro. Pienso que un proyecto definido de corte socialdemócrata actualizado con los matices que sean precisos bajo la perspectiva de la sostenibilidad económica, social y medioambiental sigue siendo válido. La clave está en la cercanía, que es disposición a escuchar toda reivindicación o demanda ciudadana, es empatizar con quienes lo están pasando peor, atender con diligencia a quienes piden ser escuchados.

Pero es también no dar una respuesta burocrática a cuestiones o situaciones política y socialmente difíciles. Se trata, en fin, de que la ciudadanía nos perciba como "uno de los suyos". Valores y actitudes que siempre han formado parte del proyecto socialista, como la honestidad, la austeridad, la transparencia, la solvencia, o la autenticidad, tienen en estas circunstancias un componente simbólico innegable.

El PSOE gobierna, en España, en Andalucía y en centenares de ayuntamientos. Si los ciudadanos nos han castigado en las urnas, si hemos tomado nota del malestar social, si sabemos escuchar a la ciudadanía, debemos actuar en consecuencia, con hechos y no sólo con palabras. Por ello, y dentro de los estrechos márgenes de la situación económica y financiera, habrá que tomar medidas y adoptar decisiones de gobierno que envíen un claro mensaje al conjunto de la sociedad española y andaluza, y especialmente a los sectores más dura y realmente afectados por la crisis.

Deberíamos responder al malestar con gestos que afecten a la austeridad, transparencia y sencillez en el comportamiento de los cargos públicos y del propio partido. Además, serían necesarias iniciativas para ampliar la calidad de nuestro sistema representativo, como, por ejemplo, regular las consultas populares distintas al referéndum previstas en nuestro Estatuto. Y, sobre todo, habría que tomar medidas directas dirigidas especialmente a los jóvenes en materia de empleo, a las familias con hipotecas impagadas, o en las que no hay ninguna renta ni prestación económica, a las pymes y a los trabajadores autónomos con problemas de financiación, o a la rehabilitación de viviendas, por citar algunos ejemplos. Puede no ser suficiente, pero sé que es urgente y necesario.

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