Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

Tiesuras

REVENTAR una comisión parlamentaria que debería dilucidar las responsabilidades políticas de un monumental caso de falta de control del dinero público es un error mayúsculo de estrategia. Hacerlo, además, a cuenta de lo que haya podido cobrar un auxiliar administrativo empleado en una fundación de UGT, por mucho que hoy sea el marido de la presidenta de la Junta, es de una torpeza que fácilmente se puede volver en contra de quien la promueve. El comportamiento del PP el martes, en la última sesión convocada para investigar cómo se gestionaron los cientos de millones de euros destinados a los cursos de formación, fue un absoluto desatino. Lo fue porque no consiguió acorralar a Susana Díaz e incluso permitió a la presidenta uno de esos arranques rayanos en el populismo que tan bien se le dan y que tanto se le jalean. La presidenta andaluza se crece cuando habla el lenguaje de las calles de Triana y alardea orgullosa de sus orígenes humildes; de su, como dijo en un debate televisado, casta de fontaneros. La portavoz del PP, Teresa Ruiz Sillero, que va de dura por los pasillos del Hospital de las Cinco Llagas, se planteó como única estrategia poner nerviosa a la presidenta para que saliera con los papeles perdidos en los telediarios de la noche y pasó justo al revés, la que salió descolocada fue ella.

Sorprende, si es que a estas alturas puede sorprender algo en la política andaluza, la falta de eficacia con la que se mueve el PP. Juanma Moreno está demostrando que o el puesto de presidente regional le viene grande o que está más solo que la una y nadie le echa una mano para hacer una oposición que le permita algún día gobernar en Andalucía. Nuestra comunidad es la única en la que nunca se ha producido la alternancia y ya va siendo hora de plantear cuánta culpa tiene el PP de que esto haya sido así. Después de más de treinta años en el poder los socialistas andaluces tienen multitud de flancos débiles por donde ser atacados. El caso de los cursos de formación o el demoledor auto de procesamientos conocido ayer que sentará en el banquillo por los ERE a dos ex presidentes, seis ex consejeros y a toda una época de entender la política en Andalucía debería bastar para hacer una oposición demoledora, de pie en la nuca. La misma Susana Díaz, su gestión al frente del Gobierno andaluz, ofrece no pocos puntos débiles por donde erosionarla. Intentar hacerlo por lo que pueda cobrar su marido es incluso mezquino. De la sesión parlamentaria cabe sacar dos conclusiones: la presidenta, efectivamente, se casó con un tieso y los del PP, en política, también lo están.

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