Las dos orillas

José Joaquín León

Tomás, el más incrédulo

DICEN que él teme a Tomás. Vamos, que tiene miedo a que si Tomás se enrolla bien, gana las primarias y hace un papel medio decente ante Esperanza, a la larga, más o menos corta, le puede quitar el sitio. No a ella, sino a él, que vamos a ver cómo sale en 2012. Tomás, de todas maneras, no tenía muy claro el dogma de la Trinidad. Ya dijo Rubalcaba que este hombre puede ser recordado sólo por haberse opuesto a Zapatero. Lo dijo como un reproche, pero otros lo entendieron como un halago. Depende de cómo se vea y cómo te lo creas.

Tomás Gómez es un nombre y un apellido que significa algo parecido a Felipe González. Tomás es un nombre de apóstol, igual que Felipe, otro de los doce. Gómez y González son dos apellidos que abundan, como Rodríguez, aunque él sea más conocido por el Zapatero de su señora madre para personalizarse mejor. A González todo el mundo lo llamaba Felipe, excepto Aznar cuando le dijo "¡Váyase, señor González!", que quedaba más solemne, pues decirle "¡Váyase, Felipe!" hubiera resultado chabacano, poco creíble. Del mismo modo, a Tomás todo el mundo lo llama Tomás. Y si algún día le dicen "¡Váyase, señor Gómez!" también le sonará bonito, pues para irte de presidente antes hay que ser serlo.

Tomás siempre representó la incredulidad, un si no lo veo no lo creo. Hombre de evidencias, poco dado a las promesas, sino aferrado a las realidades tangibles. Cuando tocó, creyó, pero antes no. Sobre la incredulidad de Tomás el apóstol hay más leyendas, pues se decía que también dudó de la Asunción al cielo de la Virgen, hasta que le abrieron la tumba de María y la encontró vacía, cubierta de flores. En los Hechos de Tomás, apócrifo del siglo III, se dice que era arquitecto y que un rey de la India, llamado Gundafar, le dio dinero para construir un palacio (¿como San Telmo?), pero Tomás lo repartió todo entre los pobres y le dijo al reyezuelo que el palacio se lo había construido en el cielo, gracias a esa generosidad. Gundafar, cuya autenticidad histórica está demostrada, lo encarceló, pero luego lo pensaría mejor y lo perdonó. Después Tomás murió martirizado en la India.

Esto no significa que al Tomás del PSOE también lo vayan a martirizar, aunque no en la India, sino en Ferraz. Sólo lo recuerdo porque es curioso lo que hace un nombre bien puesto. Si Tomás se llamara Iker se perdería su leyenda. A ella la llamaban Trinidad, que tampoco está mal; son tres personas en una y un solo presidente verdadero, que es Zapatero. Pero lo de Tomás tiene más mérito: ha sido el primero que ha metido los dedos en las llagas, y para colmo era uno de los suyos, y para más colmo era fiel. Por consiguiente, no lo deberían confundir con Judas Iscariote, que era el traidor.

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