palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Tontos del IVA

DE todo lo que dijo ayer el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, lo que te irrita y te impulsa a ir al armario y tomar las armas (cuchillo, tenedor y cascanueces, por ejemplo) no es la subida del IVA, que ya se sabía, sino las razones con que trata de conmover nuestra supuesta estupidez para justificar el aumento del gravamen. Vale, sube el IVA, de acuerdo, y los funcionarios trabajarán más horas por menos dinero. Ahora bien, lo de que la subida del impuesto se debe a que los contribuyentes no pagan lo que deben es una majadería envuelta en cinismo. "Si el IVA lo pagaran más quienes lo tienen que pagar no habría que subirlo tanto", dijo literalmente. A ver si lo entiendo: como algunos frescos no pagan el IVA, el Gobierno ha decidido incrementar el tributo a quienes sí lo pagan para compensar el fraude. Es decir, a los buenos contribuyentes se le apretarán las tuercas como ¿escarmiento? por todos los que eluden sus obligaciones. Los que no pagan seguirán probablemente sin pagar pero un ejército de pardillos formado por los contribuyentes leales (lelos y y leales, habría que añadir) expiarán la culpa de sus congéneres tramposos rascándose más a fondo el bolsillo. ¿Es eso lo que ha querido decir el ministro? Repítalo, por favor. "Si no existiera esa pregunta de con IVA o sin IVA que se ve como un deporte nacional en cualquier rincón de la geografía española este debate no existía".

El problema, claro, es que la cantinela de "con IVA o sin IVA" pertenece ya a un pasado glorioso. Si el lector repasa su memoria notará que hace muchos años que no la oye. ¿Por qué? Porque era la canción del éxito en los tiempos ostentosos pero innobles de la burbuja, cuando había consumidores con dinero para invertir y cuando había empresarios que se daban el gusto de engañar a Hacienda sin que Hacienda hiciera nada. Ahora da igual que vaya o no el IVA incluido porque no hay dinero ni inversiones ni ladrillos ni pisos ni créditos ni, si me apuran, autónomos. Sólo queda una tropa de sobrevivientes que paga el IVA implícito en los productos básicos, que repaga las medicinas, que sufre las carencias en transporte, en educación, en obras públicas y que, por si fuera poco, tiene que soportar las majaderías de un ministro que trata de convencerlo de que está obligado a completar lo que otros defraudan por una especie de contraprestación invertida o solidaridad para tontos.

Todo un ejercicio de impudor para que no se note que el Gobierno, por enésima vez, incumple una promesa electoral y para tapar aquello que hace pocos meses nos advirtió el propio Rajoy: "La subida del IVA va a repercutir en las comunidades autónomas, en sanidad, en la educación, en el precio de la vivienda, en los alquileres de locales comerciales. La subida del IVA es un disparate".

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