alto y claro

José Antonio Carrizosa

Tormenta de tormentas

COMPARTO con mucha gente la impresión de que si el PSOE, por alguna razón desconocida, se hubiera empeñado en perder las próximas elecciones estaría haciendo justo lo que estamos viendo que hace. Y en Andalucía parece que con mayor intensidad. A la deriva, sin liderazgos definidos, con datos económicos que cada mes son peores y sumido en un tsunami de acusaciones de corrupciones y corruptelas a las que apenas puede responder, las cosas se le ponen cada día un poco peor. La última semana ha sido pródiga en hechos que confirman esa teoría. La dimisión de Luis Pizarro ha sacado a la superficie cuán profundos son los desgarros en el seno del socialismo andaluz y hasta qué punto está cuestionado el papel de José Antonio Griñán. La controversia entre el Gobierno andaluz y la juez que investiga las presuntas irregularidades en las ayudas a los ERE termina, por ahora, con toda la actuación de la Junta durante una década sometida a juicio y guardada en un armario en el Prado para que -lo dice la magistrada- no se puedan alterar o destruir las actas en San Telmo. Vamos, el Gobierno andaluz es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Por si todo esto fuera poco, irrumpe con todo el aparato mediático requerido el caso del supuesto papel de conseguidor del hijo de Manuel Chaves a partir de unos documentos robados. Tres tormentas en cinco días que han encendido todas las alarmas en la dirección del PSOE de Madrid, desbordada además por sus propios problemas a cuenta de la sucesión de Zapatero. Entre sus propios errores y el fuego graneado que le llega del enemigo, el bastión socialista se resquebraja y deja al aire brechas demasiado profundas.

El PSOE, a estas alturas, sólo puede hacer dos cosas. La primera que se empiece a ver, a partir del segundo semestre algún signo, aunque sea tímido, de recuperación del empleo, de manera que la angustia del paro comience a mitigarse. La segunda, lanzar mensajes de regeneración y de compromiso ético, aunque ello en estos momentos pueda parecer complicado. En esta última línea hay que inscribir la intervención de la secretaria de organización del PSOE andaluz, Susana Díaz, el pasado jueves en el Foro Joly. Cuando decía que su partido se sentía abochornado por las chorizadas de los ERE y pedía perdón a los ciudadanos estaba apuntando en esa dirección. Aunque en medio de la que está cayendo, y de la que según todos los indicios está todavía por caer, puede sonar a predicación en el desierto, hay una buena parte del electorado socialista ansioso de razones para no abandonar.

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