La ciudad y los días

Carlos Colón

Toros y fútbol

BASTARÍA lo que vivieron en la Maestranza quienes presenciaron la corrida del jueves o lo que vieron quienes la siguieron a través de Digital +, como bastaría lo que vivieron en el Allianz Arena de Múnich los aficionados del Getafe o lo que vieron los 4.452.000 telespectadores (7.356.000 en el minuto de oro) que siguieron el Bayern-Getafe a través de Antena 3, para comprender la sugestión que la fiesta de los toros ejerce desde hace más de dos siglos y la pasión que el fútbol desata desde hace uno. Dos espectáculos que compitieron entre sí duramente -como contó Florián Rey en su Fútbol, amor y toros de 1929, en la que un padre torero se opone a que su hija se case con el joven portero del Triana F.C. porque odia el deporte que rivaliza con su arte- hasta que cada uno encontró su espacio propio.

Decía que bastaría lo vivido en la Maestranza y en el Allianz Arena para comprender la pasión que desatan los toros y el fútbol, porque los espectáculos del pundonor valiente de Pepín Liria y del juego davídico del Getafe frente al Goliat del Bayern lo evidencian. "Una encastada corrida de Victorino levanta pasiones", titulaba nuestro gran Luis Nieto, escribiendo a continuación: "Con el cuarto emergió el legionario Liria, el torero épico. Se libró, milagrosamente, de ser herido en un par de ocasiones. Se fue a chiqueros para una larga cambiada de rodillas a portagayola. El tren, un cárdeno bragado de 515 kilos, lo arrolló. (…) El torero se levantó y con una casta indómita lanceó de manera vibrante con parte del público de pie, aplaudiendo de manera enloquecida". Pepín Liria, con su pundonor valiente, explicó a quien no lo sepa qué quiere decir vergüenza torera. En cuanto al Getafe, qué quieren que les diga: uno, que es aficionado por rebote de la afición de sus hijos, no pudo casi pestañear en el segundo tiempo del partido y ha de confesar que aplaudió y vitoreó el gol del minuto 90.

No, no es la incultura, como tampoco lo fue la dictadura, la causa del éxito de los toros y del fútbol. ¿Lo del pan y circo? Algo tiene que ver, pero como elemento secundario que no basta para explicar su larga y próspera vida. Han vivido y prosperado bajo regímenes tan distintos, en tiempos tan diversos y en circunstancias educativas, sociales o culturales tan cambiantes, además de haber entusiasmado a personalidades tan varias, que no se puede recurrir al fácil expediente de descalificar a las aficiones.

La cosa es más sencilla: gustan porque producen emociones que tienen que ver con lo que el jueves se vivió en la Maestranza y el Allianz Arena. Eso que Luis Nieto llamó épica.

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