opinión

José García-Tapial Y Fernando Mendoza

Torre Pelli: un elefante en mi bañera

NO hay más ciego que el que no quiere ver; no hay más sordo que el que no quiere oír. Desde hace más de tres años, incluso mucho antes de que comenzaran las obras de la Torre Pelli, las plataformas en contra de su construcción fueron analizando su agresión al entorno histórico de Sevilla, detectando su ilegalidad, poniendo de manifiesto insistentemente su profundo sentido antidemocrático al estar basada en el engaño y el fraude a la participación pública. Por último, advirtieron que se podría producir un final como el que ha sucedido, es decir, su inminente paralización. Pero nada de esto parece haber afectado a los responsables, pese a haber sido instados por la Unesco tres veces a reconsiderar el proyecto. Más bien todo lo contrario a juzgar por el ritmo desenfrenado de construcción de la torre, al parecer durante las veinticuatro horas del día, incluyendo domingos y festivos, lo que ha hecho ya surgir más de una tercera parte del rascacielos.

A las cartas de alarma que se enviaban a los responsables políticos, económicos e institucionales encargados, en teoría, de velar por que atropellos urbanísticos como éste no se produjeran, se les daba la callada por respuesta. A las innumerables peticiones para que se cumpliera la legalidad, se respondía con el silencio desde la altura de una prepotencia infinita. Alfredo Pérez de Armiñán, antiguo director de Hispania Nostra, llegó a decir que la aprobación de la Torre Pelli pulverizaba toda la normativa paisajística y de protección de los entornos históricos. Pero la torre no era inocente. Sus responsables sabían que era un proyecto imposible e inviable a no ser que se modificara toda la legislación. Y a pesar de ello, mantenella y no enmendalla, dicho medieval que define el empecinamiento.

Pero las cosas cambian, los partidos políticos se suceden y, a partir de las últimas elecciones municipales, a la "tormenta perfecta" formada por el cuadrilátero Junta de Andalucía-Cajasol-Ayesa- Ayuntamiento se le ha resquebrajado una pata. Posiblemente, tras las próximas elecciones regionales, la mesa se quedará con dos patas y, ya se sabe, las mesas de dos patas se caen.

Lo que resultaba sorprendente de los promotores y defensores de este edificio es que, al no poder justificarla desde ningún punto de vista, más allá de los manidos conceptos "modernidad" y "progreso" se apelara continuamente a que "la torre no se verá", afirmación absurda, ya que una torre de este calibre se pretendía construir para que se viera desde cualquier punto de la ciudad como propaganda de la caja de ahorros y emblema de su poder político y económico sobre el territorio. Como el proceso de aprobación de la torre fue fraudulento e ilegal, el proyecto careció de estudio de impacto ambiental y paisajístico. Este estudio, exigido por el Plan General de Sevilla y por la legislación vigente, tiene por objeto analizar en profundidad la propuesta de edificio en relación a su entorno, realizando los estudios y fotomontajes necesarios para garantizar su adecuación y que la ciudadanía no se encuentre con "sorpresas" durante y después de su construcción. La realización de fotomontajes es muy sencilla y veraz con la tecnología actual, pero los responsables de la torre no se molestaron en hacerlos porque sabían que era un aspecto "caliente" al afectar al paisaje histórico de Sevilla.

Pues bien, los que colaboramos con la plataforma ciudadana Túmbala dejamos claro, desde hace tres años, que si los promotores no pensaban cumplir con la normativa de transparencia que exigían las leyes, nosotros sí lo íbamos a hacer. Así pues, creamos todo lo que estuvo a nuestro alcance para aportar información a través de páginas web, manifiestos internacionales de apoyo contra la construcción de la torre, así como la realización de fotomontajes que un estudio de impacto ambiental mínimamente serio habría debido acompañar al proyecto de este desmesurado monolito.

Desde el primer momento, los que han considerado que el paisaje histórico de Sevilla es de su propiedad, es decir, los "partidarios" de la torre, en buena parte implicados económicamente en el proyecto, descalificaron los fotomontajes ofrecidos por la Plataforma, aduciendo que el edificio estaba dibujado demasiado alto, o que la perspectiva era errónea, o que el dibujo era torpe, todo ello, por supuesto, sin ofrecer alternativa alguna.

Sin embargo, a pesar de las múltiples peticiones de paralización de las obras realizadas por la Unesco, se comienza a construir el edificio. Y resulta que se ve. Y ¡cómo se ve! Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad puede apreciar ya, desde el puente de Los Remedios, y sólo con la tercera parte de la torre construida, una fuerte agresión a los paisajes del río, Triana y la Cartuja por una escala desmesurada que rompe con la delicada proporción de los edificios de la calle Betis, Triana y el Paseo de Colón. Y entonces comienza la letanía: ¿Pero qué bodrio es éste? ¿Qué están haciendo con el paisaje de mi Triana? ¿No tienen suficiente con haber taponado la perspectiva del río con Torre Triana, y ahora hacen un edificio cinco veces más agresivo? Preguntas que recuerdan al cuento hindú del niño que todas las noches decía a su padre: "Papá, hay un elefante en mi bañera" y el padre respondía: "Niño, los elefantes no caben en las bañeras, olvídate y vete a jugar". Todos los días, el niño recordaba al padre que el elefante de la bañera no le dejaba dormir porque crecía más y más y cada vez hacía más ruido. Y siempre el padre le contestaba que los elefantes son mucho más grandes que las bañeras y que no caben, por lo que el niño estaría soñando.

Hasta que un día, el niño dijo al padre: "Papá, no me puedo bañar. El elefante ha crecido tanto que ha destrozado la bañera, las paredes y el techo del baño"

Y se acabó la discusión, llegó la Unesco y, por cuarta vez, mandó parar.

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