La ciudad y los días

Carlos Colón

¿La Torre no y lo otro sí?

SI se hubiera redactado un manifiesto que, además de expresar razonadamente la oposición a la construcción de la Torre Pelli, incluyera la denuncia de la destrucción o desnaturalización del patrimonio histórico, cotidiano y arbóreo sevillano. Si incluyeran las bárbaras reformas de la Alameda, la Plaza del Pan o la Puerta de Jerez; la plantación de catenarias en la calle San Fernando; la pésima ejecución de la tanto tiempo esperada peatonalización de la Avenida; la desnaturalización de la plaza de San Lorenzo, igualada en altura y cubierta de losetas; las talas salvajes de árboles; la destrucción de los restos arqueológicos almohades de la Puerta de Jerez; la desprotección de las tiendas, cafés, bares, tabernas y otros elementos del patrimonio cotidiano; la destrucción del Laredo ante las mismísimas barbas del Ayuntamiento; la construcción -aplaudida por muchos que ahora se sienten ofendidos por la Torre Pelli- de mamarrachos 92 como Torre Triana (¿no miran a su derecha cuando cruzan el puente de Sevilla a Triana?) o de moderneces restauradoras que le pegan un bocado a la margen del río justo en medio de la calle Betis; las setas de la Encarnación (¿no les hiere su impacto en pleno corazón histórico de la ciudad, no les duele pensar que aún tiene que erigirse la torre junto a la fuente para unirse a las estructuras ya alzadas?); el abandono de los parques y jardines; la conversión del barrio de Santa Cruz y de gran parte del entorno de la Catedral en un bazar barato rico en tienduchas que contaminan el paisaje urbano, alterando las fachadas con escaparates, rótulos y colgajos de mercaderías; el abandono, desnaturalización o destrucción del patrimonio industrial, desde la antigua fábrica de sombreros de la calle Heliotropo (obra de Espiau, 1917) a la fábrica de vidrio La Trinidad; la conversión de toda la zona trasera de San Luis en una barriada playera de bloques de pisos…

Si estas y otras tropelías figuraran en la queja que el Defensor del Pueblo ha admitido a trámite, hubiera firmado gustoso el "Manifiesto contra la Torre Pelli". Al igual que firmé el "Manifiesto de los periodistas" que llamaba la atención sobre cómo, en nombre de esa "incierta nostalgia de una pretendida modernidad" denunciada por el comité español del Icomos (Unesco), en Sevilla se estaba "alterando grave, innecesaria y costosamente entornos de gran valor histórico…". La Torre Pelli es otra manifestación -todo lo grave que se quiera, pero otra más- de los daños causados por esta incierta nostalgia de pretendida modernidad que en los últimos años tanto daño está haciendo a Sevilla.

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