Visto y oído

Antonio / Sempere

Torreiglesias

SI los espectadores, los usuarios, los seguidores de Saber vivir durante los últimos doce años estábamos al corriente de los usos y costumbres que usaba el programa, cómo es posible que los gestores de la tele pública hayan tardado tanto en poner el grito en el cielo. Manuel Torreiglesias ofreció una rueda de prensa sin derecho a preguntas el viernes para explicarse. Estaba decepcionado. No se esperaba lo que ha ocurrido. Y anunció algo que intuíamos. Habrá otro Saber vivir en otra cadena. La trayectoria de Manuel Torreiglesias abarca nada menos que cuarenta y dos años de los cincuenta y tres con que cuenta la historia de la televisión en nuestro país. A mí me cayó particularmente cuando lo veía por las noches en su Escuela de salud de los años setenta. Lo veía cuando me permitían que lo viese. Porque ya entonces Torreiglesias tuvo problemas con los programadores y la cierto tipo de censura, y no precisamente por motivos publicitarios. Escuela de salud hizo honor a su nombre, y puso sobre la mesa asuntos que ni de lejos se veían a otros horarios y en otros contenidos. Escuela de salud habló de la calidad de vida, de la educación como un bien común, y se atrevió incluso con la educación emocional en unos tiempos en los que nadie hablaba de esos asuntos. Para los temas médicos propiamente dichos ya estaba Ramón Sánchez Ocaña y su Más vale prevenir. No conozco personalmente a Torreiglesias, pero siempre me dio la imagen de una especie de cura seglar, muy convencido de lo que decía, que había sido capaz de fundir devoción y profesión, y que disfrutaba plenamente con lo que hacía. Por eso no me extraña que a los 68 años no quiera jubilarse. Porque lo lleva en las venas. Seguro que lo vemos en otro canal.

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