Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Trabajando por su país

ZAPATERO ha dicho que un parado cuando está formándose está trabajando para su país. Y el personal se ha inquietado en grado sumo. El que menos ha pensado que es un paso previo para sacar de las estadísticas de desempleo a quienes van a esos cursos. Si seguimos ajustando las clavijas a delegados sindicales de empresas públicas poco cumplidores, a parados que no quieran asistir a cursos de formación o a los que cobran por nómina un salario alto, estaremos haciendo un ejercicio de rigor. Pero, al mismo tiempo, una injusticia. Porque, entre tanto, nada se dice, nada se hace, para regular la actividad de los bancos, para aumentar los impuestos de las grandes fortunas; para evitar una economía sumergida de 250.000 millones de euros, que generaría impuestos por 35.000 millones al año; o para controlar la verdadera renta de los profesionales liberales que no tienen nómina y declaran muy por debajo de sus ingresos.

El presidente del Gobierno es un hombre tocado por la buena fortuna. Contra todo pronóstico ganó las elecciones de 2004, previa tragedia terrorista y torpeza infinita del Gobierno saliente. E incluso ganó en 2008. Ahora la lógica y las encuestas nos dicen que perderá las de 2012, pero no se sabe nunca cuándo abandona la suerte a un político. Si alguien le hubiese dicho a Aznar, cuando abdicó en Rajoy, que su protegido iba a perder en 2012, no se lo habría creído. Y ya ven...

Antes de Zapatero, Aznar también estuvo tocado por la diosa fortuna. Se libró de una muerte cierta en un atentado de ETA; ganó a Felipe González en 1996, cuando el Gobierno socialista ya no aguantaba más, después de 14 años en el poder. Aunque lo hizo por la mínima y eso le causó una gran decepción, pero tuvo a su lado a Rato y Cascos, que compusieron unas alianzas estrechas y fértiles con los nacionalistas catalanes y vascos, para en el año 2000 sacar una mayoría aplastante y prescindir de sus molestos aliados de circunstancias. A Aznar le cogió una ola de crecimiento mundial espectacular que ayudó mucho a su milagro económico. Todo eso contribuyó a que perdiera el buen juicio y se metiera en avisperos como la guerra de Iraq. Pero aun así, el PP habría ganado las elecciones sin el atentado del 11 de marzo de 2004 y la pésima gestión que hicieron de la situación el propio presidente y su ministro del Interior.

Entonces la suerte se cambió de bando. Y tocó con su varita mágica a Zapatero. Personaje de muchos registros. Su fuerte no son las frases afortunadas. Le dijo a los catalanes que les aprobaría el Estatuto que mandaran a Madrid, le dijo a la entera nación que lo que venía en 2008 no era una crisis sino una desaceleración. Y le acaba de decir al universo mundo desde Oslo que un parado en formación es un trabajador en activo. Un desliz grave. Por mucho que cuando realice afirmaciones inoportunas el presidente esté trabajando por su país.

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