Breviario

Alejandro V. Garcia

Trajín de sillas

OLVIDÉMONOS por un momento de la alegoría de la silla del G-20 y pensemos en sillas auténticas. No me podrán negar que no es raro que la cumbre financiera mundial se cuente por asientos y la riqueza por sillas. Y más extraño aún: que un país tenga dos sillas y otros estén de pie o, peor, en el suelo. ¿Para qué querría Francia dos sillas? ¿Para las posaderas y para estirar los pies? ¿O para alquilarla, como si fuera una de esas sillas que se colocan en Semana Santa?

Zapatero ha logrado su propósito y tendrá una silla francesa. Hasta ayer sus adversarios políticos abrigaban la esperanza de que España fuera un país sin asiento. El cambalache de las sillas de Zapatero ha animado a otros países sin silla, como Holanda y Polonia, a trapichear un puesto. Ahora bien, cuando estén sentados todos, ¿qué pasará?

(Las sillas es la obra cumbre de uno de los maestros del teatro del absurdo: Eugène Ionesco. Una pareja de ancianos solitarios invita imaginariamente a decenas de personajes poderosos a una reunión. Por cada uno de ellos colocan una silla vacía. Cuando el escenario está obstruido con decenas de sillas aparece el Orador para pronunciar el dircuso de salvación del mundo. Los dos viejos aprovechan y se tiran por una ventana. Cuando el Orador, por fin, va a hablar a las sillas vacías se descubre que es sordomudo).

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