Editorial

Tranvía interruptus

PARA que no se siga hablando del atropello mortal en el semáforo de Hytasa y de la crisis de gobierno por la destitución de Carrillo, y para no dar imagen de debilidad política, el PSOE filtró interesadamente que el Ayuntamiento había renunciado a ampliar el tranvía hasta Santa Justa. Rendirá viaje en el apeadero de San Bernardo: sólo unos 880 metros más. Así pues, al final de este mandato (2011) el tranvía sólo recorrerá 2.000 metros entre la Plaza Nueva y el apeadero, distancia a priori insuficiente para recargar esas prometidas baterías que permitirían eliminar las catenarias (aunque ahora tengan forma de farolas) desde el Arquillo hasta la Puerta de Jerez. Lo que calló el PSOE es que quien ha echado el freno de emergencia al tranvía ha sido su socio de gobierno, IU, con Torrijos al frente. Éste se empeñó en cuestionar la ampliación a Santa Justa por el trazado diseñado por los socialistas e hizo del tema un casus belli. Dado que el PP se opone a la extensión de lo que tacha de trenecito turístico, Monteseirín sabía que no podría sacar adelante el proyecto sin el apoyo de su socio de gobierno, so pena de visualizar otra crisis política. Y como en tiempo de tribulación más vale no hacer mudanza, el alcalde ha tenido que plegarse a las exigencias de Torrijos y pactar un acuerdo de mínimos: llevar el tranvía hasta San Bernardo, el itinerario que no presenta problemas, y diferir a tiempos mejores la ampliación hasta Santa Justa. La excusa oficial para dejar el tranvía interruptus es que la extensión hasta la estación ferroviaria es muy costosa, técnicamente compleja, no suscita el respaldo de los ciudadanos ni de los empresarios, obliga a arrancar numerosos árboles y a construir varios túneles y parkings para reordenar el tráfico y financiar (por el sistema de concesión) la obra. ¿Acaso no lo sabían? Lo mejor del desistimiento es el argumento de que el trazado se solapa con otros medios de transporte , circunstancia de la que venimos advirtiendo desde el primer día y razón principal de que veamos absolutamente prescindible esta ampliación. Los 70 millones de euros que cuesta deberían destinarse a otros proyectos antes que a duplicar en superficie el tren de Cercanías y futuras líneas del Metro.

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