Tribuna económica

Manuel / Hidalgo

Travesía en el desierto

QUE se olviden aquellos que piensen que vamos a salir de esta crisis de rositas. A diferencia de otras anteriores, en particular aquella de principios de los 90, nuestra pertenencia al euro va a exigir un esfuerzo importantísimo de reestructuración de nuestra economía.

Hace 16 años, allá por 1993, España se enfrentaba a su primera crisis seria dentro del club europeo. Recordemos que la crisis del 93 vino motivada, al igual que ésta, por factores externos que se conjugaron con desequilibrios internos. La consecuencia fue un incremento enorme del desempleo y una contracción de la economía de más de un 1% para dicho año. Entonces, la devaluación de la peseta nos permitió sortearla rápidamente. Esta devaluación, que en realidad fueron tres devaluaciones, permitió elevar las exportaciones, incrementar la facturación turística y engrosar las inversiones extranjeras. Nuestra recuperación se basó en un incremento de la competitividad nominal y, por lo tanto, en un empobrecimiento de los ciudadanos. Entre 1994 y 1996 se certificaría la recuperación, que fue definida como "rápida". Sin embargo, como sabemos, acudir a esta solución es, hoy en día, imposible. Sencillamente, no podemos devaluar el euro.

Nuestra pertenencia a la Eurozona impide la toma de decisiones que entonces fueron fáciles. Ante una crisis como aquella, se devalúa la moneda y a lo siguiente. Ahora la devaluación no está permitida. Cuando esto es así el ajuste no puede ser nominal, sino real. Es decir, el empobrecimiento no va a ser por el simple hecho de que nuestra moneda pierda valor, sino porque nuestros salarios reales lo hagan. Esto, que parece tan claro, implica una serie de consecuencias importantes.

La más evidente: que debemos olvidarnos de una recuperación rápida. El ajuste real no es tan veloz como el nominal. Por ello, vamos a sufrir una travesía por el desierto económico de varios años. A los años de recesión le seguirán otros de crecimiento lento y a veces penoso. Por este motivo, cuantas menos alforjas pesadas llevemos, mejor, antes lo cruzaremos. Es decir, cuanto más liviana se haga nuestra economía, más flexible y ágil, mejor y más rápido pasaremos los tragos amargos de esta crisis.

El Gobierno deberá tomar el toro por sus cuernos y afrontar medidas de profundidad. Son necesarias reformas definitivas de la educación, debates sobre la reorientación de las indemnizaciones por despido, una modificación clara de la negociación colectiva, una apuesta por el sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), un compromiso claro para la simplificación administrativa, apuesta por la competencia sobre todo en los servicios, un impulso de la internacionalización de las empresas españolas…

Tenemos por delante una tarea importante. El ajuste real será doloroso, por lo que interesa que sea rápido. Si queremos cruzar el desierto cuanto antes, como ya se ha dicho, hay que ir sobrados y con poco peso.

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