Las dos orillas

josé Joaquín / león /

Trayectorias

LOS premios Demófilo, que concede la Fundación Antonio Machado, se han convertido en una suerte de Oscars de la Semana Santa. De alguna manera, sucedieron a los antiguos Nazarenos de Plata, que otorgaba el Consejo de Cofradías en los tiempos presidenciales de José Sánchez Dubé. Pero los premios Demófilo aportan un valor añadido, de cara al sector culturalista sevillano: son premios de una entidad laica, que no forma parte del sistema capillita. A fin de cuentas, Demófilo no fue bordador ni orfebre. Entre los premios que conceden, casi todos los años suele haber alguno pintoresco, pero en general reconocen con buen criterio a los personajes y los valores de la Semana Santa de culto.

Entre todos los premios que se entregan (y no sólo en este ámbito de las cofradías) quizá los de mayor mérito son los de trayectoria. Porque destacan un trabajo persistente, que no es un golpe casual de éxito. En ese sentido, ha sido un gran acierto que por fin se reconozca la trayectoria de Luis Álvarez Duarte con un premio Demófilo. Ejerce desde hace más de 50 años, y no sólo como imaginero religioso, sino también como escultor profano. En madera y en barro, es un maestro indiscutible. Es el continuador de los grandes imagineros de siglos pasados, quizás el último que sigue trabajando como en tiempos pretéritos. Con él, la imaginería del siglo XX ha perdurado sine labe hasta el siglo XXI. Y en este tiempo, Luis ha alcanzado su plenitud artística. Sería triste que Sevilla no lo aprovechara ahora, para que talle su obra inolvidable de plena madurez, como las que ya dejó desde su juventud, cuando triunfó hace medio siglo con Guadalupe.

Por trabajar ajeno a cenáculos y peloteos, por dedicarse en exclusiva a lo suyo, Luis Álvarez Duarte no ha recibido todos los premios que merece. Es sorprendente que no tenga la Medalla de Andalucía, a pesar de que creó imágenes que salen en las Semanas Santas de las ocho capitales y las ocho provincias andaluzas, además de gran parte de España y la Humanidad. Tampoco ha recibido la Medalla de Sevilla, aunque le dedicaron una calle (donde vivió en su infancia) en San José Obrero.

Es loable que se premien trayectorias como la de Luis Álvarez Duarte. O como la del taller de bordados de Sucesores de Esperanza Elena Caro, que en 2017 cumplirá su centenario, tras cuatro generaciones. Con ellos, la Semana Santa sevillana mantiene un principio básico desde sus orígenes: el Arte (con mayúsculas) también se engrandece inspirado por la Fe.

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