PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Triana como laboratorio para traficar con el tráfico

EN un rapto de lucidez, inspirado quizá por el eco de la fuerte contestación vecinal a la supresión para el tráfico motorizado del camino más corto entre Triana y el centro (la calle San Jacinto, peatonalizada en su tramo contiguo al Altozano), el alcalde Monteseirín presenta ahora una "segunda fase" en la movilidad por el barrio... que debería haber sido la primera. Porque sí es una reordenación con visión integral y porque promete recabar propuestas y quejas de los ciudadanos antes de su aprobación y ejecución.

Hay sensatez en dos criterios básicos de dicho plan: dar prioridad al transporte público en un carril de los ejes transversales de Triana (Pagés del Corro y Ronda de Triana-López de Gómara) y sustituir el estacionamiento en cordón por el de batería para poner dificultades a la sempiterna doble fila de coches aparcados que son causa principal de la ralentización del tráfico. Doble fila que es muy consentida por la autoridad que ahora se rasga las vestiduras por lo que deteriora el tráfico. A la propuesta municipal le falta una tercera pata igualmente esencial: construir más plazas de aparcamientos para residentes. Otro parking tan grande como el construido años ha bajo el campo de fútbol de los Salesianos. La proliferación agobiante de la doble fila no es sólo cosa de los desplazamientos matutinos por gestiones o compras, o de los vespertinos para acudir a los numerosos bares de Triana. Cuando duerme la ciudad, el barrio tiene infinidad de vehículos en superficie mal aparcados que son propiedad de los vecinos y que, en lugar de tener saturadas las calles, deberían estar en plazas subterráneas para no limitar sobremanera a cualquier hora la movilidad de allegados y extraños.

La peatonalización de una calle emblemática debería ser la culminación de este proceso y no el primer paso, porque sin una reforma global también se estrangula al transporte público. Algo habrá aprendido Alberto Moriña cuando, nervioso por las protestas, presionó para que Tussam se inventara una línea de autobús que circulara solamente por el interior del barrio. Sinsentido y dispendio que fue suprimido tras constatarse que los buses circulaban vacíos.

Y la participación ciudadana es condición necesaria pero no suficiente para dar con la tecla. Debe ser de doble sentido en la circulación informativa. Tan necesario es conocer cuál es el vecindario y cómo es su vida, como aportarle datos rigurosos sobre los flujos del tráfico, para que comprenda su cotidianidad dentro de una visión general de la ciudad. Porque en ninguna parte las calles son propiedad ni de los residentes ni de los comerciantes. Son de toda la ciudad. Imagínense que en una vía tan transitada como Pagés del Corro sólo tuvieran voz y voto para cuestiones de tráfico quienes en ella están empadronados.

En el toma y daca entre políticos y vecinos, entre las dos partes contratantes de los votos, suele primar poco el interés general y mucho la demagogia oportunista del que más manda o el que más vocifera. Habrá que estar atentos a la fórmula adoptada para la participación en el laboratorio trianero.

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