La crónica económica

Joaquín Aurioles

Turismo en tiempos de crisis

SEGÚN el consejero de turismo, no hay razones, al menos por el momento, para modificar la previsión del 3% de crecimiento durante 2008 y el principal argumento para mantenerla es que los datos del primer trimestre del año reflejan un crecimiento en el número de viajeros del 8% que, incluso descontando el efecto Semana Santa, debe reconocerse como impropio de tiempos de crisis. Además, están las previsiones de Saeta que, considerando el movimiento aeroportuario programado para los próximos tres meses, permite anticipar que el volumen de pernoctaciones durante la primera mitad del año puede crecer un 3,5%. La impresión, por tanto, es que llegaremos al umbral de la temporada alta en condiciones no solamente de superar la incertidumbre de los efectos de la crisis sobre la demanda turística, sino que incluso podría esperarse una aportación de entre 0,3 y 0,5 puntos al crecimiento del conjunto del PIB andaluz, lo que significaría que podría tomar la responsabilidad de realizar hasta casi una quinta parte del crecimiento del total.

Si todas estas conjeturas se cumplen habrá que admitir que el turismo vuelve por sus fueros en Andalucía y que, en una coyuntura económica adversa, que recuerda a los primeros años de las décadas de los 80 y 90, vuelve a asumir la responsabilidad de sacar las castañas del fuego y de mantener el tono de actividad en una economía con evidentes señales de agotamiento. A favor de que las cosas transcurran como estaban previstas está el indiscutible vigor con el que el sector se comporta a nivel internacional, que permitió elevar el número de viajeros durante 2007 a un total de 900 millones gracias, entre otras cosas, al contexto de seguridad en que se ha desenvuelto durante el último año. El problema es que casi todo lo demás juega en contra, pero especialmente tres factores se perciben como los verdaderos retos que hay que afrontar durante esta legislatura. El primero es sortear la crisis con el menor número de bajas posible, pero asumiendo que los procesos de renovación son inevitables, e incluso aconsejables, en este tipo de coyunturas. El segundo es la defensa de una posición competitiva que se erosiona sistemáticamente como consecuencia de la fortaleza del euro y de la debilidad del dólar, pero también del diferencial de inflación que aquí mantenemos. A finales del pasado verano España se confirmaba, y Andalucía dentro de ella, como uno de los destinos turísticos europeos y mediterráneos que más se había encarecido, como se deduce del hecho de que durante los últimos 15 años el IPC ha crecido un 50%, el precio de los hoteles un 95% y el de los restaurantes un 70%. El tercero es que si vienen más turistas, pero están menos tiempo y gastan menos (aunque las vacilantes estadísticas sobre gasto turístico no permitan sostenerlo, a diferencia de otros indicadores similares a nivel nacional), lo inevitable es que la rentabilidad del sector se reduce considerablemente. En cualquier caso, conseguir que el turismo andaluz gane en estabilidad, competitividad y rentabilidad no es poco objetivo para una política turística en tiempos de crisis.

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