Editorial

Turno de noche

SI algo ha dejado claro la crisis abierta por la baja masiva de policías municipales durante la noche del pasado día 15 es que el Ayuntamiento carece de un modelo definido sobre la propia Policía Local y sus funciones, por lo que, instalado en su propia confusión, acaba dando un bandazo tras otro. La delegada de Convivencia y Seguridad, Nieves Hernández, dijo primero en la Mesa convocada para abordar el conflicto que la Policía Local no atendería las llamadas ciudadanas que denunciaran un problema de seguridad, porque las prioridades para el Cuerpo son que vigile el tráfico y el cumplimiento de las Ordenanzas municipales. Sin embargo, después de que los agentes plantearan que esas misiones se las notificaran por escrito para elevar el documento ante un juez en caso de que se les exigieran responsabilidades por omisión, el Ayuntamiento ha dicho todo lo contrario, que si percibe un delito la Policía Local tendrá que actuar. Pero, ¿cómo percibirá los delitos, si durante toda la noche se la deja fuera del 112 y a la Unidad Nocturna se la condena a estar cruzada de brazos? Para eso, como sostienen los propios policías, sobra la Unidad misma, que se ve sin funciones que acometer y con un total de 986 días de permiso no disfrutados por falta de efectivos. El Ayuntamiento se remite a lo dispuesto en la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para sostener que las competencias en materia de seguridad radican sólo en la Policía Nacional, pero hay otras corporaciones con una interpretación distinta de la norma, caso del Consistorio de Madrid, el cual ha organizado incluso un grupo de operaciones especiales dentro de la Policía Local madrileña que combate también el pequeño tráfico de drogas junto a la Policía Nacional. Por otra parte, la Justicia tumbó las tesis del Ayuntamiento de Sevilla cuando las desestimó en el juicio por el robo del siglo a la Joyería Román y condenó a los policías locales que, pese a que habían saltado las alarmas y había indicios de delito en el exterior del local, acabaron yéndose sin intervenir. ¿Qué deben hacer entonces los agentes? Esta ambigüedad les está creando una situación de angustia y frustración profesional: no saben si el Ayuntamiento quiere policías o sólo vovis.

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