Crónica levantisca

juan Manuel / marqués Perales

Tutti frutti

ACUCIADO por la ruptura con Uniò y el avance de Podemos, notorio en la ciudad de Barcelona, Artur Mas ha tenido que presentarse a las elecciones catalanas en una lista tutti frutti, que abren y cierra n dos atildados tipos: Raül Romeva y Pep Guardiola. Hay de todo en la barra helada, pero el problema es que necesita ser consumida en los 18 meses que se han dado de plazo para conseguir la independencia. Si no cumple su objetivo, se derretirá porque cada trocito de fruta querrá seguir por un camino distinto. Si el Estado se mantiene firme, las contradicciones entre republicanos de izquierdas y burgueses democristianos aflorarán hasta hacer imposible el experimento.

Eso pensaba hace unos días, y ayer llegó la confirmación con las dudas vertidas por Raül Romeva sobre quién será el presidente si gana la lista de Juntos por el sí, nombre que en sí mismo es una voluntariedad porque ni están tan unidos ni se vota sí o no. Las dudas de Romeva han puesto muy nerviosa a la dirección de Convergencia, que ha señalado que en el pacto que se firmó con ERC está todo muy clarito: debe ser Mas. Bueno, esta temprana disonancia sólo anuncia las contradicciones futuras, de tal modo que el Gobierno debe plantarse en su defensa de la legalidad constitucional, incluido el disuasorio artículo 155. Y si no es éste, es la nueva ley de seguridad nacional, que se aprobará por la vía de urgencia y permitirá al presidente hacerse, por ejemplo, con la Policía autonómica. Como el 155, pero sin reunir al Senado.

El PP le pidió a Rajoy un adelanto electoral, de tal modo que las elecciones generales pudieran coincidir con las catalanas del 27 de septiembre para ensombrecerlas, y aunque el presidente tiene hasta el 4 de agosto para ello, todo indica que nos vamos a diciembre. Tiene su razón, y no puramente electoral. Será a partir del 27 de septiembre, y después de que se constituya el Parlamento de Cataluña, cuando más se necesite un Gobierno fuerte en España, un Ejecutivo con mayoría absoluta en disposición de poder adoptar todas las medidas constitucionales. Si la teoría de la barra de helado funciona, a mayor firmeza, aunque sea ejercida sólo de modo disuasorio, más rápido se derretirá la malograda legislatura catalana. Sin apoyos en Europa, sin el de Estados Unidos, con un Gobierno fuerte en su la legalidad y con los aparatos del Estado husmeando en las cañerías de Liechtenstein, Mas fracasará. Rajoy también ha visto ahí una oportunidad electoral: en tiempos de incertidumbre, pocos querrán cambiar.

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