La tribuna

Joaquín Moya-Angeler Cabrera

Universidad y empresa

La afirmación de que "la Universidad vive de espaldas a la empresa" es un argumento que, aunque está empezando a perder adeptos, se escucha aún con demasiada frecuencia. Quienes la pronuncian son, en ocasiones, empresarios que no han quedado satisfechos de sus intentos de cooperación con la Universidad. Sin embargo, en bastantes casos esta frase surge de una desconfianza basada en el desconocimiento mutuo y en la falta de información sobre los instrumentos que pueden actuar como un nexo eficaz entre estos mundos.

El objetivo prioritario y natural de las empresas es generar riqueza y crear empleo. Durante mucho tiempo han considerado que lo que se hacía en las universidades les aportaba poco. Para las universidades, el hecho de trabajar con empresas no tenía ningún valor en el desarrollo de la carrera profesional de los profesores y catedráticos, con la consiguiente repercusión en la actividad que desarrollaban para las empresas.

Por esta razón, es muy importante desarrollar un intenso trabajo de gestión por ambas partes para conseguir transmitir la idea de que lo que hace la Universidad es útil para las empresas y que se puede transformar el conocimiento en resultados tangibles. Para ello, es fundamental que los cauces de comunicación funcionen.

Uno de los objetivos fundacionales de Corporación Tecnológica de Andalucía fue, precisamente, convertirse en un instrumento real y efectivo para la colaboración entre ambos mundos. La Corporación promueve e incentiva proyectos empresariales de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) con la premisa de que sean viables económica o socialmente y que en su desarrollo participe, en no menos del 15% del presupuesto total, un grupo o centro de investigación.

La finalidad es clara: que los grupos de investigación andaluces, con el acicate de la demanda empresarial, se habitúen a trabajar enfocados al mercado, y que las empresas aprovechen el conocimiento existente en las universidades para situarse en vanguardia y ayudar a la economía andaluza a avanzar hacia un perfil de mayor valor añadido. En la actualidad, cerca de 1.000 investigadores universitarios colaboran con Corporación Tecnológica.

Últimamente están produciéndose frecuentes comentarios, no sólo en Andalucía sino en el conjunto del país, en el sentido de que la colaboración cercana en las empresas mercantiliza a la Universidad. Nada más lejos de ello. Hay una investigación básica que está y seguirá estando en el ámbito universitario, así como en empresas de alto contenido tecnológico que desarrollan tecnologías básicas que tardan muchos años en llegar al mercado, y hay una investigación aplicada cercana al mercado y de la que tanto los grupos de investigación como las empresas se benefician.

La cooperación con empresas abre a los grupos de investigación la oportunidad de poner en valor sus recursos humanos y científicos y de potenciarlos mediante la captación de fondos, así como de participar en proyectos de empresas líderes en sectores estratégicos. No hay que olvidar tampoco la vocación de servicio a la sociedad que caracteriza a la Universidad, y que encuentra aquí un medio para materializarse no sólo por la vía de la formación, sino también poniendo la ciencia a disposición de la comunidad.

En cuanto a las empresas, contar con el respaldo universitario les permite acceder a recursos científicos y profesionales que difícilmente podrían incorporar a su estructura, y que además están altamente especializados en el área concreta de investigación que la empresa demanda. No todas las compañías tienen la capacidad de dedicar tiempo y dinero a investigar, y el conocimiento existente en las universidades, en muchos casos fruto de años de trabajo, está ahí para ser aprovechado.

Otro beneficio visible de la colaboración Universidad-Empresa es que está ampliando el entorno geográfico "natural" de actuación, creando lazos estables de cooperación con grupos o empresas de provincias diferentes a la propia. En un buen número de proyectos aprobados por la Corporación cooperan grupos de diferentes universidades, instalados en provincias distintas a las de la empresa que los contrata. Grandes compañías nacionales, que habitualmente subcontrataban estos trabajos fuera de Andalucía, han pasado a encargarlos a grupos de la región. La oportunidad de enriquecimiento mutuo es inmensa.

En definitiva, aunque algunas empresas lamentan aún la falta de conexión entre el mundo universitario y las necesidades empresariales y son reacias a trabajar con grupos de investigación, ya hay muchos ejemplos de éxito en esta colaboración. No hay que olvidar que son las propias empresas, al demandar los servicios de la Universidad, las que tienen el poder de motivar la transformación de los grupos de investigación hacia un perfil más orientado al tejido productivo.

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