Crónica levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

Urbanidad

PILAR Urbano ha escrito una gran novela de ficción sustentada sobre hechos reales y aliñada con diálogos inventados que funcionan de maravilla. La gran desmemoria se lee de maravilla, pero como ha advertido esta semana el juez Marlaska a los jóvenes que fumaban porros en los cuartos de baños de la Audiencia Nacional, "cada cosa tiene su sitio". La ficción es la trola y la investigación histórica es una aproximación contrastada a la realidad. Cada cosa en su sitio, pero Pilar Urbano no tiene urbanidad, agradece sus confidencias a hombres ya muertos. La urbanidad es un conjunto de normas que hacen posible la convivencia doméstica de cientos de miles de personas, y es lo que rechaza Esperanza Aguirre. Si no se escondiera detrás de su atrevido desparpajo y el frentismo imbécil de las dos Españas, esta señora habría dimitido ya avergonzada. Si le hubiese pasado en las calles de Chicago, habría dormido en el cuartelillo después de hacer caso omiso a las órdenes de los policías que, colocados en paralelo a su coche en fuga, le ordenaban que se detuviese. Si hubiera sido negra, se habría llevado un susto muchísimo mayor. En vez de dar muestra de ejemplaridad pública, se comportó como una marquesa maleducada ante sus gañanes. Cuando llegó a casa, ordenó a los dos guardias civiles que la protegen que le quitaran el marrón.

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