Visto y Oído

Antonio / Sempere

Uribe

HE podido ver Lejos del mar, lo último de Imanol Uribe, en una pantalla de cine. De forma casi clandestina. Con la sala vacía. Y la verdad es que no entiendo nada. No entiendo que esta película permanezca inédita en nuestras pantallas mientras semana tras semana nos llega lo que nos llega. Digámoslo alto y claro: con su atrevimiento, con su guión al límite de la verosimilitud, Imanol Uribe nos ofrece una película cargada de tensión de dramática que se come, literalmente, en entidad cinematográfica, al resto de los títulos de la hornada que le ha tocado en suerte.

Decían que la crítica no sirve para nada, que de ella ya no depende la suerte de ningún filme. Ya vemos que no. La tibia acogida dispensada por los críticos en el pase de prensa del Festival de San Sebastián parece determinante en el aplazamiento 'sine die' del estreno de esta película, que iba a ser lanzada el 15 de enero (de ahí que todas las revistas especializadas publicasen sus críticas ese mes), que a última hora se aplazó a la primavera, pero que finalmente no ha encontrado fecha propicia. Salvo que llegue de tapadillo uno de estos fines de semana de verano, programada en escasas pantallas, posiblemente en una presencia fugaz, imperceptible.

Completamente injusto. Tanto hemos subvertido los términos, que mientras las 'películas' basadas en videojuegos se proyectan a razón de un pase cada hora (hasta diez veces en un mismo día en un solo complejo) obras como las de Imanol Uribe permanecen inéditas. Cuando son éstas las que llevan tanto cine dentro. Lejos del mar, sin música, con silencios incomodísimos, rodada íntegramente en Almería, me remitió en sus formas a las de Manuel Martín Cuenca (La mitad de Óscar, Caníbal).

Para una vez que TVE apunta bien, participando en una película de enjundia, y se encuentra con esta paradoja. Qué tiempos nos ha tocado vivir.

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